Viejos

Crítica de Santiago García - Leer Cine

M. Night Shyamalan es un director cuyo esplendor fue a fines de la década del noventa, con la película Sexto sentido. Confirmó su talento con El protegido y luego las aguas comenzaron a dividirse con Señales y La aldea. Luego cayó en desgracia y hoy tiene fans pero también es uno de los favoritos de los odiadores, que suelen cargar su furia contra él más que con casi cualquier otro director. Cada película suya sigue mostrando ambición y estética, pero hay algo que parece no encajar como lo hizo con aquellos films de hace veinte años.

Viejos (Old, 2021) es la nueva película del director y viene a confirmar que ya entró en la categoría de mito del eterno retorno. Es decir que algunos anuncian que ha vuelto a su mejor forma mientras que otros difícilmente puedan seguir digiriendo sus películas. Old está llamada a dividir aguas, lo que es un disparate, ya que se trata de cualquier cosa menos de una película lograda.

Un matrimonio y sus hijos consiguen unas vacaciones soñadas en un hotel paradisíaco en el Caribe. Ellos están en crisis de pareja y además ella está enferma. Intentan ocultarle esto a su hija preadolescente y a su hijo de seis años. Todo es más que soñado, hasta que les ofrecen un día en una playa secreta escondida detrás de unas rocas. Ellos y otros visitantes son llevados allí pero algo ocurre en el lugar, el tiempo transcurre de manera diferente, y ellos quedan atrapados en una situación de la que deben escapar si quieren vivir.

La película estaba basada en una novela gráfica, pero si no lo supiéramos daría la sensación de estar inspirada en un cuento de ciencia ficción. Gran parte de las escenas catastróficamente resueltas serían más lógicas leídas que vistas. Muchas cosas no tienen sentido alguno y se nota. En un buen film de Shyamalan no podrían decir muchos de estos disparates y no nos daríamos cuenta por la fuerza narrativa. Pero acá la locación casi excluyente, los pocos personajes y el conflicto principal nos llevan a concentrarnos aun más en la película.

Pocas películas profesionales he visto con tal cantidad de agujeros de guión y contradicciones. Hay muchos elementos aislados que son verdaderamente interesantes, pero son arrasados por la siguiente mala escena. Además, la película tiene un particular fervor por explicar todo con los diálogos, desde el comienzo hasta el último minuto. Algunos diálogos son obligatorios porque no hay manera de entender lo que pasa sin ellos, pero otros subestiman al espectador sin más.

En cuanto a la puesta en escena M. Night Shyamalan tiene sus pequeños detalles visuales, pero en general se concentra en un encuadre de tipo vanguardista estilo década del sesenta. Es decir: está mal encuadra pero a propósito. Esto le agrega solemnidad y un elemento pretencioso que arrasa con cualquier empatía que pudiéramos sentir por la historia. No llega a ser una comedia porque el guión no lo permite, pero está a punto de serlo todo el tiempo.

Incluso para los estándares de los últimos films de Shyamalan esta película falla. Una vez más: su verosímil es más literario que cinematográfico. El mostrar obliga al espectador a preguntarse cosas y la película no tiene respuesta alguna. Las resoluciones finales son particularmente perezosas y decepcionantes. No hay sorpresa, solo hay fastidio.