Sucker Punch: Mundo Surreal

Crítica de Santiago García - Leer Cine

BAILARINA EN LA OSCURIDAD

La nueva propuesta del director Zack Snyder es una gigantesca aventura visual, cuyas ambiciones estéticas no están respaldadas en ningún momento por una complejidad narrativa o un sentido coherente. Un espectáculo deslumbrante y superficial por partes iguales.

Estamos aquí frente a una película cuyo despliegue visual nos confirma lo que ya veníamos sospechando: el cine de hoy es capaz de crear universos ilimitados, con un nivel de detalle que no hay que hacer ni el más mínimo esfuerzo para creer que estos universos realmente existen. Hay varias escenas en Sucker Punch que ponen el pie en el acelerador y combinan las más disparadas iconografías logrando asombrar y deslumbrar al más indiferente de los espectadores. Zack Snyder, el realizador de una obra maestra llamada El amanecer de los muertos y de las más famosas 300 y Watchmen aquí se vuelve a lanzar de lleno a un esteticismo extremo, un recargado y descomunal mundo audiovisual de altísimo impacto. Una secuencia inicial demuestra que, sin diálogos, el director puede entrar bien alto a la historia y narrar y movilizar al espectador con herramientas nobles. Incluyendo ya, desde el comienzo, la intertextualidad, las referencias y la multiplicidad de herencias estéticas que aquí se entrecruzan.

Por lo dicho aquí, Sucker Punch podría ser una de las más memorables películas de la historia del cine. Pero la verdad es que difícilmente llegue a figurar entre lo mejor de este primer semestre del año, ni hablar de su lugar en la historia del cine. Porque la ambición visual de Snyder parece ser de una vacuidad y una inutilidad que por momentos resulta simplemente increíble. Uno no puede creer que quien es capaz de crear universos visuales tan complejos no sea capaz de darle algo de coherencia y sentido a una película de dos horas. Y no es que el no sentido sea el sentido del film, no. Es simplemente que la película se detiene una y otra vez a crear escenas de acción memorables, maravillosas, pero muertas en tanto no vienen de ninguna parte y no intentan arribar a ningún lugar. Aun así, habría que asumir que no puede ser todo tan gratuito y vacío, por lo que debería haber al menos un intento para darle sentido a todo.

Cuando la tragedia golpea a las puertas de la vida de Baby Doll (sí, así viene toda la intertextualidad, las referencias, las ambigüedades y hasta los trazos gruesos), su padrastro abusador la ingresa en un psiquiátrico llamado Lennox, en el final de la escena inicial donde justamente, se escucha un cover de Sweet Dreams (are made of this) escrito por Annie Lennox. Esta escena, un poco recargada pero igualmente efectiva, muestra una camino de ida y vuelta, en el cual la película entra y sale de la realidad. Abandona su clasicismo para decirnos: soy una película, si no lo fuera no podría tener cierta información. ¿Cuál información? Qué el nombre de la clínica se vincule con la canción que acompaña el comienzo del film. Que después de toda la música del film sea posterior en cronología a la época en la que transcurren los hechos. Y por supuesto mucho más: que la fantasía en la que se sumerge contenga elementos claramente posteriores también al período en el que ella vive. Asumiendo esto podríamos decir que Sucker Punch es un film sobre cómo las fantasías nos permiten afrontar un contexto atroz y, a la vez, pensar en un futuro mejor o un motivo para seguir. ¿Una nueva versión de Alicia en el país de las maravillas? ¿Una relectura del film Brazil? Sí a todo, no a todo. También podría pensarse en las películas de Vincente Minnelli, en Moulin Rouge, en Cabaret, en Bailarina en la oscuridad y, por supuesto, en la iconografía de distintas películas a partir de cada una de las fantasías de la protagonista. ¿Pero aportan, realmente, esta suma de referencias? Sí, y solo sí, como manifestación de que toda la película habla de las fantasías, de las ficciones.

Pero lo que tal vez incline la balanza hacia una mirada no tan positiva del film tiene que ver con la iconografía explotation, heredada de las películas de cárceles de mujeres, así como también del manga. Estas jóvenes con minifaldas y bombachas a la vista podrán ser mostradas como las víctimas de una explotación sexual, pero la película abusa demasiado de sus imágenes como para no ser parte de dicha explotación. Toda la trama con el cabaret –claramente heredada del explotation- no es una denuncia, las veinteañeras –en la trama posiblemente menos- se muestran sexys en cada escena y su uso de armas, lencería erótica y violencia parece más una fantasía adolescente que un discurso sobre la libertad y la fuerza de las mujeres. Pero la verdad es que aunque en lo visual no lo respalde, en el guión algo de eso es lo que intenta Sucker Punch. Mientras ellas son unas bailarinas que danzan para el placer masculino, interiormente habita en ellas un universo complejo, rico, ansias de libertad, valentía, solidaridad y la fuerza para salir adelante. Pero algo me dice que esta lectura está mostrada en la película como otra capa más de irresponsabilidad estética e ideológica. Si las mejores escenas del film son aquellas que están en la mente de la protagonista (nunca sabremos cómo baila, aunque en teoría es brillante) es digno de desconfianza, porque por más vueltas que uno le de, son mayormente gratuitas y sin ningún asidero.

Ahora sí, entonces, estaríamos llegando al meollo de la cuestión. Zack Snyder –cuyo film más narrativo y más logrado fue El amanecer de los muertos- es uno de los mejores representantes de una de las tendencias del cine industrial actual. Su esteticismo exacerbado, su barroquismo, sus espectaculares comienzos donde se promete el espectáculo más grande del mundo… Pero fundamentalmente una tendencia a la irresponsabilidad, al vacío de ideas, a no tener una sola mirada sobre el mundo o el ser humano. Los géneros, la intertextualidad, las mezclas y los cruces, todo hecho sin un sentido, todo por lo lindo que queda, todo por la superficie, todo por cómo se ve. La banalidad total. Y no es porque no haya opciones. Quedan muchos directores que saben hacer grandes espectáculos y contar grandes historias. Snyder mismo, pudo hacerlo. Y me doy cuenta de que aunque Sucker Punch entretiene y deslumbra, molesta que no crean que contar una buena historia y darle sentido a las imágenes sea algo que vale la pena.