Star Wars: El ascenso de Skywalker

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

El ascenso de Skywalker, el capítulo final a la saga galáctica, el adiós a la dinastía Skywalker tras 42 años, tiene acción, claro, humor, revelaciones y respuestas.

¿Es divertida? Es divertida. ¿Es entretenida? Lo es. ¿Tiene todo lo que quieren los fans? Tal vez, no todo. O no todo tan así. Pero la satisfacción está garantizada.

Tiene una primera mitad, o una primera hora, para ser exactos, hasta “la revelación”, en la que la película ofrece como nuevas subtramas y es, a la vez, la más simple y aniñada de las tres de esta última trilogía. El ascenso de Skywalker es, hasta allí, lo que El regreso del Jedi fue a la trilogía original.

Lo que sigue no es spoiler, porque sucede al comienzo: Palpatine vuelve de la muerte (¡!) y le promete todo a Kylo Ren, el nuevo Líder Supremo, para rearmar un gran Imperio contra la Resistencia, que ya era mínima al final de Los últimos Jedi. “La llama Sith emergerá”, se dirá más adelante. La Orden Final está por armarse. La Primera Orden fue sólo el comienzo.

Palpatine está obsesionado, parece, con que Rey muera. ¿Quién es esa chica? Desde El despertar de la Fuerza nos preguntamos por sus padres. Kylo la quiere pasar al Lado Oscuro.

Lo que muchos sienten es que el problema de la nueva trilogía es que los nuevos personajes (Poe Damron, Finn, Rey), a excepción de Ben/Kylo, no tienen el mismo carisma que tenían Luke, Han y Leia hace 42 años.

Por más que Leia le dé el sable de su hermano Luke a Rey, y que le diga “Nunca tengas miedo de ser quién eres”.

Después de todo, tenemos un ex traficante de especies, un ex stormtrooper y una ex carroñera.

Con ese linaje, ¿adónde vamos a llegar?

Bueno, con la mala puntería de los stormtroopers, quizá…

Entre presentimientos y visiones, los mundos virtuales que se cruzan (algo muy del director J.J. Abrams, de Lost a esta parte), tal vez haya demasiados encuentros entre la rebelde Rey y el oscuro Kylo Ren.

Como en todas las películas de la saga creada por George Lucas, El ascenso de Skywalker está trabajada, cosida de acuerdo a misiones por realizar. Aquí, entre otras, hay que ir a Exegol para derrotar a Palpatine, pero para ello hay primero que encontrar un orientador Sith, el mismo que Luke había ido a buscar, para poder llegar a Palpatine.

Hay un momento western, hay un espía entre los malvados. Hay una reaparición (además de la de Palpatine, y la del querido Lando Calrissian), una revelación que lo cambia todo, o casi, y otra muerte. Hasta que llegue, como todos sabemos y esperamos, el combate final. ¿Entre quiénes? Será por la galaxia. Y por Leia.

Así como los stormtroopers ahora pueden realizar otra cosa con sus cuerpos, no todos sabíamos, aunque lo intuíamos, que la energía de la Fuerza puede sanar cuerpos y tal vez alma o espíritus.

Es que El ascenso de Skywalker debe dar muchas respuestas, cuando El despertar de la Fuerza nos llenaba de nuevas preguntas en el relanzamiento de la saga.

Y suele ser más atractivo preguntar que responder.

En esta película se hace más evidente que en otras cómo John Williams editorializa con los acordes musicales. Y la pelea, una de las tantas, entre Rey y Kylo, en las ruinas de lo que fue la Estrella de la muerte, con olas altísimas azotando el lugar, es uno de los momentos cumbres de la película.

El ascenso de Skywalker da el cierre. J.J. Abrams, desde el guión, sorprende, claro con la revelación, y luego ofrece lo que los fans desean. Esa adrenalina mezclada con tristeza, esa emoción porque se acerca el final.

Es un digno cierre, más a tono de la primera saga que lo que fue la trilogía precuela a los Episodios IV, V y VI.

Para que la Fuerza nos siga acompañando.