Sinister

Crítica de Agustín Neifert - La Nueva Provincia

Otro gran cúmulo de horrores

Con el antecedente titulado El exorcismo de Emily Rose , el director Scott Derrickson ha vuelto a transitar el cine de terror y para ello convocó todos los tópicos del género.
El protagonista es el escritor Ellison Oswalt, una mezcla de Truman Capote y Stephen King, que se ha obsesionado con los crímenes no resueltos desde que su novela Sangre en Kentucky fue un resonante éxito editorial, para gran disgusto de los policías.
Esa obsesión lo impulsó a mudarse a una casa donde ocurrieron cuatro asesinatos, para escribir una nueva novela, pero desde el corazón mismo del escenario de esos crímenes. Pero oculta la verdad a su esposa Tracy y a sus hijos Ashley y Trevor, quien sufre terribles pesadillas nocturnas.
Apenas instalado, Ellison descubre en el altillo de la casa una caja con películas filmadas en Super 8, etiquetadas como inocentes videos caseros, pero que muestran asesinatos de familias en distintas ciudades y en diversas circunstancias.
Por caso, la muerte por degollamiento titulada Hora de dormir `98, por incendio (Parrillada `79 ), por asfixia (Fiesta en la piscina `66), con una máquina cortacésped (Trabajo en el jardín `86 ) y por ahorcamiento (Diversión familiar `11).
Ellison procura mitigar su angustia con abundante café y whisky, hasta que un policía le sugiere consultar al profesor Jonas, un experto en ocultismo y demonología, que aporta una teoría delirante sobre un dios llamado Bughuul, que habría pasado a la historia por devorar las almas de los niños después de aniquilar a sus familias.
La historia de Sinister continúa por estos carriles, con un suspenso que crece en intensidad cada cinco minutos, con frecuentes cortes de luz (las sombras siempre son propicias para acrecentar los misterios), fuertes golpes sonoros y fantasmas que juegan a las escondidas en la casa.
Ellison procura encontrar una posible ligazón entre los cinco crímenes mencionados más arriba, y responder preguntas como quién filmó las películas, por qué en cada caso desaparece uno de los hijos de esas familias que la policía nunca pudo hallar y quién es Mr. Boogie.
Y en medio de todo ese cúmulo de horrores, el director introduce dos cuestiones claves. Una es la que aparece en Blow up, de Antonioni, basada en el cuento Las babas del diablo , de Cortázar, porque Ellison cree descubrir en las películas una imagen semioculta que procura descifrar.
"Nosotros sabemos --afirmó Antonioni-- que bajo la imagen revelada existe otra más fiel a la realidad, y bajo ésta, otra, y que detrás de esta última puede aparecer de nuevo otra imagen, hasta llegar a la imagen verdadera de esa realidad absoluta, misteriosa, que nadie nunca verá".
La otra cuestión es la de las snuff movies, que comenzaron a aparecer en la década de 1960, inicialmente filmadas en Super 8, que escenificaban el asesinato de personas. Primero como simples representaciones, pero a partir de los años setenta se convirtieron en registros de crímenes verdaderos, como ocurre en las películas halladas por Ellison en el ático de su casa.
Esos dos temas condimentan la historia de Sinister y le proporcionan una dimensión que le permite al director superar las trajinadas películas de terror lanzadas por Hollywood con una frecuencia que ya resulta sospechosa.
Sinister se sostiene sobre todas esas variantes narrativas y también sobre una convincente actuación de Ethan Hawke como el obsesionado y abrumado escritor Ellison Oswalt.