Shazam!

Crítica de Rolando Gallego - EscribiendoCine

De broma en broma

Encontrar el tono y la medida justa para adaptar un cómic no es tarea fácil. Mucho menos conociendo la proliferación de películas que en los últimos años han llegado a las pantallas para hacerse con una porción del mercado, y también todas aquellas que se quedaron en el intento.

El caso de ¡Shazam! (2019) de David F. Sandberg (Annabelle 2: La Creación), con Zachary Levi en el rol del superhéroe, responde a una decantación que termina por configurar un espectáculo visual correcto, sin trascender más allá de sus intenciones y especulando con lograr buenos resultados basados en otras adaptaciones recientes que descansaron su fórmula en el humor y el carisma del protagonista, como por ejemplo Deadpool (2016).

Aquí, la historia de Billy Batson, un joven huérfano que descubre en medio de una situación extrema que ha sido seleccionado para convocar, con sólo una palabra, al héroe que rescatará a la humanidad de una amenaza oscura y siniestra, responde más a una exigencia de taquilla que a un verdadero interés por llevar a la pantalla un personaje que supo forjar su poder a partir de historietas plagadas de humor y lecciones morales.

En la adaptación de David F. Sandberg, un especialista en cine de terror, que se anima a sumergirse en el universo DC desde la comedia, Zachary Levi es el rey del gag y el humor físico (su experiencia previa en televisión, en sitcoms y en doblaje de animación reafirman este punto), dos elementos que condicionan las posibilidades narrativas del relato, y que acercan el producto hacia públicos infantiles, que disfrutarán y olvidarán prontamente las aventuras del niño que se transforma en hombre poderoso y que llega para terminar con el bullying que el protagonista y sus hermanos (adoptivos) sufren a diario.

El juego de ser otro, que esconde ¡Shazam!, responde a un relato clásico en donde el alter ego posibilita una vida distinta, muchas veces mejor, que aquella que realmente vive el protagonista de la historia. Aquí todo se potencia por el tema que impregna la narración, la búsqueda de identidad del protagonista, un joven que intenta desesperadamente llegar a su madre, a quien no ve desde sus primeros años de edad y que con su llegada a un hogar de adopción lo impulsarán aún más a conocer sus orígenes.

Así, entre la historia emotiva, y la de acción, entre huérfanos de etnia diferente (acorde a los tiempos discursivos que corren) que impulsarán el tempo del relato, ¡Shazam! construye una estructura que se apoya en efectos visuales, nostalgia, humor, y cierta incorrección política (sin llegar al nivel de Deadpool), para validar su sentido y razón de ser en el universo de adaptaciones cinematográficas de comics, eligiendo un tono que la acerca mucho más a públicos más jóvenes, que disfrutarán de la adaptación tanto como aquellos episodios de series animadas que saturan las grillas de señales infantiles.

Pareciera ser que la línea discursiva adoptada por ¡Shazam! fuera la única posibilidad de llevar al cine relatos de héroes, con guiones que, en el último tiempo, bucean en el universo de las viñetas, lavando sus fachadas, transgrediendo sus fundamentos y sumando comedia para construir la historia, convirtiendo el resultado en pasatiempos menores que esperan llenar los cines con su parafernalia post cinematográfica sin imaginar otra manera posible de sorprender a los espectadores que con el artificio y la broma.