Shazam!

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

UNA PIEZA MÁS DEL ROMPECABEZAS

Marvel y DC han ido recorriendo un camino similar, pero en sentidos inversos: si el primer sello arrancó con películas pequeñas en espíritu (no desde los presupuestos), destacando primariamente a los superhéroes desde los aspectos individuales, para luego crecer en ambición, resaltar el conjunto y entrecruzar historias personales; el segundo empezó con una enorme ambición, queriendo construir un mundo interconectado desde la nada, y cuando eso falló, retrocedió al foco singular de los personajes y fue reduciendo las conexiones a lo mínimo e indispensable. Eso ya estaba bastante insinuado en Aquaman y termina de consolidarse en Shazam!, que se aleja de toda la solemnidad de Batman vs Superman: el origen de la justicia, para insinuar otra clase de potencialidad que no llega a explotar del todo.

El molde básico del film de David F. Sandberg es el relato de Quisiera ser grande, aquella hermosa película de Penny Marshall. Si aquella comedia protagonizada por Tom Hanks se centraba en un adolescente que súbitamente se convertía en un adulto, Shazam! tiene como premisa a un joven, Billy Batson, que por una serie de circunstancias adquiere la capacidad para transformarse en un adulto con toda clase de poderes sobrenaturales. En el medio, elementos clásicos de géneros y sub-géneros juveniles, familiares y de aprendizaje: el protagonista huérfano, que no tiene resuelto el trauma de la figura materna ausente; el mejor amigo que es un freak tanto física como intelectualmente; la familia disfuncional formada por padres adoptivos y otros huérfanos que cumplen con todos los estereotipos posibles; el progresivo descubrimiento de las habilidades y, claro, las responsabilidades que conlleva; y el villano que funciona como reverso exacto de la misma moneda.

Todas las piezas mencionadas previamente, Shazam! las maneja con bastante habilidad, pero sin la más mínima innovación, demostrando que conoce todas las reglas y códigos, pero que no pareciera querer atreverse a sumar una lectura propia que le brinde una identidad definida. Por eso unos cuantos de sus guiños (como el chiste que hace referencia a la escena del piano de, precisamente, Quisiera ser grande) lucen un tanto forzados, casi enciclopédicos; el recorrido del antagonista encarnado por Mark Strong, con sus resentimientos contra su hermano y padre a cuestas, no llega a cobrar la potencia necesaria; la resolución de los aspectos dramáticos –como la subtrama referida a la madre biológica de Billy o los dilemas morales que vienen con el uso de sus nuevos poderes- no salen de lo obvio; o, a la hora de establecer conexiones con el resto del mundo de DC, lo hace desde un cancherismo que no deja de ser algo culposo. Incluso hay pasajes verdaderamente interesantes en su coqueteo con lo atemorizante o monstruoso, en los que se nota la experticia de Sandberg en el terror –antes dirigió Cuando las luces se apagan y Annabelle 2: la creación-, pero que no terminan de ser exprimidos a fondo.

Donde Shazam! sí se destaca con total fluidez es en la química lograda entre los distintos personajes, que se retroalimentan entre sí a partir de actuaciones que rara vez se equivocan con el tono: Asher Angel como Billy, junto a Zachary Levi como su alter ego Shazam, conforman con Jack Dylan Grazer -como ese compañero de aventuras que es Freddy- un dúo no convencional pero con perfecta química cómica; que a su vez se amplía con los aportes de Grace Fulton, Marta Milans, Cooper Andrews, Faithe Herman, Ian Chen y Jovan Armand, que arman una galería familiar que no puede ser otra cosa que adorable. De ahí que, llamativamente, sea en los minutos finales, con una vuelta de tuerca que rescata la noción de lo grupal, donde el film consigue generar una verdadera empatía.

Precisamente, en esos últimos minutos, hay una secuencia donde los personajes deben huir y se encuentran con varias puertas que conducen a realidades o dimensiones totalmente distintas, que incluyen criaturas de todo tipo. No es una secuencia original, pero sí una promesa de algo mucho más aventurero e impredecible. Eso que se promete no llega a aparecer del todo y se queda en insinuaciones. Shazam! es un film efectivo y entretenido, pero que no llega a ir a fondo con su propuesta, quedando como una pieza más de un rompecabezas que aún debe encajar apropiadamente todas sus piezas o definirse simplemente como un mundo eternamente fragmentado. DC está empezando a entender que no puede lograr lo mismo que el Universo Cinemático de Marvel pero aún no definió sus propias fronteras.