Scream 6

Crítica de Rodrigo Seijas - Funcinema

SUBVIRTIENDO (SOLO) ALGUNAS EXPECTATIVAS

El primer tramo de Scream 6 amaga con entregarnos una de las mejores películas de la saga, a la altura de las dos primeras -y memorables- entregas dirigidas por Wes Craven. Son unos cuantos minutos donde la película toma algunas decisiones simples, pero audaces, que permiten trasladarle una gran carga de incertidumbre al espectador sobre cómo va a seguir progresando el relato y sus posibles derivaciones. Y que, además, despliega una violencia impactante y efectiva, que va de la mano con atmósferas de fuerte tensión. Lamentablemente, esas virtudes se van desdibujando con el correr de los minutos.

En buena medida, parte de los logros que alcanza Scream 6 están relacionados con su cambio de escenario: los sobrevivientes de Scream (la del 2022, no la de 1996, para evitar confusiones) se han trasladado a Nueva York, no solo para desarrollar allí sus trayectos universitarios, sino también un poco para huir de Woodsboro y poder iniciar un nuevo capítulo en sus vidas. Pero en verdad lo que comienza es un nuevo enfrentamiento con Ghostface, ese asesino serial que siempre tiene a alguien nuevo tras la máscara. La Gran Manzana funciona como un potente telón de fondo, redoblando la sensación de peligro constante y ofreciendo mayores posibilidades desde la puesta en escena. Ahí tenemos, por ejemplo, una secuencia en dos vagones de subte donde los protagonistas no saben por dónde va a venir la puñalada, que juega con la luz y la profundidad de campo con gran inteligencia.

El otro factor que le juega a favor -por un rato- a Scream 6 es esta noción de que los asesinatos de Ghostface han ingresado en la etapa de la franquicia, esa donde todo es cada vez más grande e impredecible, y donde ya nadie está a salvo, ni siquiera los personajes principales o que han cimentado un legado propio. Eso le permite al relato entrar en una espiral narrativa y estética donde se redobla la apuesta de forma constante, con unos cuantos giros argumentativos ciertamente efectivos. Por momentos no sabemos realmente hacia dónde va el film y se impone la sensación de que cualquiera podría estar detrás de los asesinatos, que es una de las máximas aspiraciones de un slasher como el que dirigen Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett.

Pero lo cierto es que Scream 6, aún con toda la autoconsciencia que despliega y la habilidad para conducir al espectador por los vericuetos de su entramado narrativo, no puede escapar a algunos preceptos básicos que la definen casi inevitablemente. Es que por más que la saga de Scream nació como una forma de cuestionar o poner en crisis los lugares comunes del slasher, ya ha pasado a formar parte de los cánones de ese subgénero. Es decir, ya todos conocemos sus reglas, formas de funcionamiento y hasta trampas para sostener un verosímil propio. Y si bien Scream 6 amaga con escapar a ese conjunto de convenciones sobre los que se asienta como parte de una franquicia, finalmente cumple con todas ellas, con una suma de resoluciones bastante predecibles y poco creativas. Eso no quita que es un entretenimiento efectivo y fluido en su desarrollo, aunque no justifica la euforia de algunos críticos: originalidad o una verdadera renovación, acá no hay.