Resurrección

Crítica de Rolando Gallego - El Espectador Avezado

Es curioso que cuando un director apela al cine de género, habiendo ya transitado el camino con buenos resultados, no pueda evitar caer en lugares comunes o potenciar aspectos del relato que quizás le posibilitarían reforzar su propuesta.
En “Resurrección” (Argentina, 2015) Gonzalo Calzada se queda a medio camino del terror gótico y de la trama siniestra que involucra hechos históricos y termina por generar un filme que va perdiendo su identidad a medida que avanza el metraje.
Hay un gran trabajo actoral por parte de la dupla protagónica (Martin Slipak/Patricio Contreras), pero que se disuelve con intervenciones de otros personajes (Ana Fontán, Diego Alonso, Vando Villamil) que no logran terminar de apropiarse del sentido de la historia.
En “Resurrección” el regreso de Aparicio (Slipak) al pueblo, luego de haber estado oficiando en campaña como cura, hace que el lugar se revolucione, principalmente cuando el joven decide visitar a su familia, la que, golpeada por la peste (fiebre amarilla) se encuentra dividida.
Mientras su hermano (Adrián Navarro) se encuentra en el viejo caserón familiar, su sobrina y su cuñada se encuentran encerradas en una capilla a la espera de una cura para el mal que diezma el lugar.
Aparicio sin saberlo, se acercará a ambos, y pese a las advertencias del casero (Contreras), un ser controlador y que todo el tiempo sospecha de todo el mundo sobre una posible invasión al domicilio, lugar en el que trabaja desde hace muchos años.
Así, el joven deberá acompañar a su hermano en sus últimos días, enfrentar a aquellos que quieren irrumpir en la casona y también desentrañar el extraño alejamiento de las mujeres que en la capilla por las noches reclaman su presencia.
Hombre de fe, pese a su hábito y conocimiento, la fe comenzará a desmoronarse ante la dura realidad con la que se encontrará, la enfermedad también se ha apoderado de su cuerpo.
Entre fiebre, tos, sangre y la amenaza latente de su fallecimiento, Aparicio decidirá aceptar la misteriosa solución que un extraño curandero (Villamil) le ofrece, sin saber que esa cura milagrosa será su propia sentencia de muerte.
“Resurrección” repite esquemas y fórmulas, apoyándose en una primera parte descriptiva y contenedora que luego se dispara hacia lugares obvios en los que ni siquiera la cuidada reconstrucción de época puede apoyar el relato.
Hay latente una lectura simil Julio Cortázar de su relato “Casa Tomada” en la que la sombra de las clases populares avanzando en la elite económica y social de Buenos Aires pueden disparar algunos puntos interesante sobre la narración, pero rápidamente son dejados de lado para enfocar la historia hacia un lugar mucho más clásico que le quita fuerza a la propuesta.
“Resurrección” podría haber sido un contundente relato sobre una de las etapas más dolorosas de la historia Argentina, una en la que cuestiones ajenas al hombre terminan demostrándole una vez más su mortalidad y finitud, pero no, Calzada decide dejar de lado esto para enumerar situaciones ya vistas en un contexto que no ayuda a que el filme termine por cerrar correctamente su curva dramática y precipite la resolución de todo. Fallida.