Resurrección

Crítica de Martín Chiavarino - A Sala Llena

Más allá de la vida.

El cine de género en Argentina sigue su crecimiento ininterrumpido y continúa dando frutos. En esta oportunidad, el realizador Gonzalo Calzada escribió Resurrección (2015) como novela y adaptación cinematográfica a la vez. El resultado es una película que mezcla características del terror gótico y el cine de autor en una obra fantástica sobre la dialéctica existencialista entre la vida y la muerte.

Tras recibir su consagración sacerdotal, el joven Aparicio (Martín Slipak) parte para la capital impulsado por una visión mística con el fin de asistir litúrgicamente a las víctimas de la fiebre amarilla que desoló Buenos Aires en 1871. En el camino decide pasar por la quinta de su familia en las afueras de la ciudad, pero encuentra un panorama aterrador, con su hermano al borde de la muerte, su cuñada y su sobrina atrincheradas en la capilla y los peones saqueando la abandonada estancia.

A las puertas de la muerte, su hermano médico, Edgardo (Adrián Navarro), le solicita al capataz Ernesto (Patricio Contreras) que le traiga a un curandero correntino (Vando Villamil), que promete salvarlo con su magia. Allí comienza una confrontación científica, religiosa y vital entre los protagonistas. Aparicio a su vez enferma y su sobrina, Remedios (Lola Ahumada), le pide que la salve de su madre, Lucía (Ana Fontán), que intenta matarla poseída por la locura tras la muerte de su marido.

La intriga y el suspenso se mezclan con el terror en un ambiente gótico de encierro alucinatorio en el que los protagonistas parecen abatidos por la muerte que rodea el lugar y se cierne sobre ellos. En este contexto aparecen mitos -como el de San La Muerte, los payés y los curanderos del litoral- que le dan forma a un mal que se aprovecha de la necesidad y la enfermedad que ataca al espíritu.

Las actuaciones recrean una idiosincrasia y un lenguaje de fin de siglo XIX en Argentina de forma correcta e interesante. La labor de todo el elenco es realzada por la dirección y un guión en el que las intrigas y lo impensado siempre aparecen para destruir las certezas de todos los personajes. Las historias de vida de Aparicio y Ernesto se entrecruzan como polos opuestos de una Argentina y un mundo dividido entre patrones y peones que articulan una experiencia común y a la vez diametralmente opuesta. El bien y el mal también se debaten, al igual que en el corazón del hombre, para luchar por las almas y las voluntades en medio de tanto sufrimiento e impotencia.

Resurrección se posiciona así como un opus de cine de género de gran vitalidad para un cine nacional con altibajos pero que sigue entregando numerosas obras de calidad. La apuesta de Calzada hace dialogar a la religión con la magia para encontrar la dialéctica en la debilidad del espíritu humano, y de esta forma dejar en claro que el mito siempre se impone cuando la desesperación nos atraviesa.