Resucitados

Crítica de Emiliano Fernández - A Sala Llena

Levántate y anda…

¡Cuántas alegrías nos han brindado en el pasado los films centrados en los viejos y queridos zombies! A pesar de lo que se ha dicho en innumerables ocasiones en lo que respecta al ascenso del subgénero desde el underground y la independencia hacia el mainstream, gracias al éxito de The Walking Dead, lo cierto es que el espectro en cuestión abarca una multiplicidad de vertientes que van más allá de la trabajada en televisión: entre otras, tenemos la mitología vudú de Victor Halperin o Wes Craven, la perspectiva política de George A. Romero, el desparpajo gore de Lucio Fulci, las ironías autorreferenciales de Dan O’Bannon, Stuart Gordon o Edgar Wright, y el ritmo frenético del inefable Danny Boyle.

Por supuesto que Resucitados (The Lazarus Effect, 2015) funciona como una suerte de rip-off de la maravillosa serie de AMC, la que a su vez se subió a la ola de exploitations que desencadenó Exterminio (28 Days Later, 2002), de cuyo lote no podemos rescatar casi nada. Tanto el título original del convite como el que le tocó en gracia en el mercado argentino, dejan en claro el tópico principal pero no así la tonalidad elegida, hoy por hoy vinculada a una combinación de metafísica, designios de ultratumba y un popurrí de citas que van desde Frankenstein (1931) y Re-Animator (1985) hasta Cementerio de Animales (Pet Sematary, 1989), Línea Mortal (Flatliners, 1990) y la olvidada Event Horizon (1997).

Sinceramente el debut en el largometraje de ficción de David Gelb no puede superar la mediocridad estándar de la industria y cae con rapidez en todos los clichés de nuestros días, como por ejemplo la presencia de personajes unidimensionales, diálogos de manual y la polución narrativa del bus effect y los jump scares subsiguientes. Ahora bien, otro problema involuntario de la propuesta es que pretende pasar por “novedosa” en lo referido a la introducción de detalles relacionados con el control mental y la telequinesis, en sintonía con Carrie (1976), desconociendo que ya le ganó de mano la mucho más interesante Wyrmwood (2014), una película australiana que retoma el sadismo de la clase B de antaño.

Aquí el periplo comienza con un grupo de investigadores médicos, liderados por la pareja conformada por Frank (Mark Duplass) y Zoe (Olivia Wilde), descubriendo un suero que devuelve la vida a los difuntos. Cuando una compañía farmacéutica compra la empresa que estaba financiando la faena para hacerse con el hallazgo, el equipo decide volver al laboratorio y realizar un último experimento, lo que deriva en la muerte accidental de Zoe y su regreso -vía la solución acuosa- a expensas de su cordura. Los únicos puntos a favor de la obra se aglutinan en torno al suspenso, las buenas actuaciones del elenco y los lapsus oníricos símil Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984)…