Renoir

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

El artista y la modelo

Biopic sobre artistas y exponente de la qualité francesa, Renoir acumula unos cuantos lugares comunes de ese cine de época prolijo y preciosista, pero al mismo tiempo resulta bastante atractiva tanto en su apuesta visual como en su sobria e inteligente construcción dramática a puro erotismo y tensiones contenidas.

Ambientada en bellos parajes de la Costa Azul en 1915, la película describe una suerte de triángulo entre un padre (el célebre pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir), su hijo Jean (un joven que vuelve herido de la Primera Guerra Mundial y que con el tiempo se convertiría en famoso director de cine) y una seductora y avasallante veinteañera llamada Andrée, que llega al lugar para desempeñarse como modelo del veterano creador y terminará encandilando a ambos (no conviene adelantar demasiado, pero los créditos finales se encargan de explicar cómo siguió la relación).

Uno de los principales atractivos de este film de Bourdos (estrenado en la sección Un Certain Régard de Cannes 2012) es reencontrarse con Michel Bouquet, mito viviente del cine francés con más de seis décadas de carrera. Con 88 años, el actor de La vida es una eterna ilusión y Cómo maté a mi padre (y que a nivel de biopics ya había interpretado al presidente François Mitterrand en Le promeneur du champ de Mars) encarna a un Renoir de 77 años acongojado por la muerte de su esposa y aquejado de artritis.

Cuando la etapa final de su vida parecía signada por la degradación física y anímica, encuentra en la radiante Andrée (una Christa Theret que está casi toda la película desnuda) la musa inspiradora que lo llevaría a pintar varios de sus cuadros más famosos. Claro que para el joven (Jean Vincent Rottiers) la presencia de la muchacha tampoco pasará inadvertida y es esa contradicción padre-hijo la que Bourdos elabora con paciencia y sin excesos, con el no menos turbulento contexto de la Primera Guerra Mundial como trasfondo.

La película dedica varios minutos a tomas de la chica modelando para el artista, a imágenes de la campiña con música machacona de Alexandre Desplat y esa estilización (regodeo esteticista) le quita más de lo que le agrega a la trama, pero no alcanza a arruinar un film que quizás no tenga demasiada capacidad de sorpresa, pero que se termina disfrutando por su inteligencia, delicadeza y solidez. En el nervioso cine de hoy, esos atributos resultan un bálsamo y, en definitiva, un regalo no menor.