Rápidos y furiosos 9

Crítica de Matías Orta - A Sala Llena

Pasaron 20 años del estreno de Rápido y furioso, y el camino recorrido fue amplio. Aquella primera película funcionaba como una remake encubierta de Punto límite (aunque terminaría siendo muy superior a la remake oficial de la película de Kathryn Bigelow), con un elenco carismático encabezado por Vin Diesel y Paul Walker. La secuela inmediata, + rápido, + furioso, contó con Walker y presentó a Tyrese Gibson y Chris “Ludacris” Bridges. La tercera entrega, Rápido y furioso: reto Tokio, trajo nuevos personajes con una historia distinta, aunque al final conecta con la primera. Si bien RyF había insinuado ciertos detalles estrambóticos, como las técnicas para que los autos puedan correr a toda velocidad, es a partir de Rápidos y furiosos 4 que la saga se consolida como tal y encuentra su identidad. Vin Diesel retoma el papel de Dominic Toretto y se consolida la química con Walker y con el resto del elenco, y la acción ya abraza con placer el más puro delirio. Un delirio que estos antihéroes motorizados -luego devenidos agentes secretos- pondrán a prueba en las siguientes continuaciones, gracias a más acrobacias, más tramas complejas y a un nutrido catálogo de aliados y villanos. En tanto, Walker murió, aunque eso no detuvo a la franquicia, que hasta contó con un spin off: Rápidos y furiosos: Hobbs & Shaw, con los personajes interpretados por Dwayne Johnson y Jason Statham.

Rápidos y furiosos 9 sube aún más la apuesta, y desde el vamos no se anda con mucho preámbulo. Toretto y Letti (Michelle Rodriguez), ponen en suspenso su vida doméstica, lejos de todo, para acompañar a la familia -tal como se denomina el grupo- en una misión urgente: impedir un plan de dominación mundial de Otto (Thue Ersted Rasmussen), un joven millonario caprichoso. Pero este individuo cuenta con un fuerte aliado: Jacob (John Cena), espía devenido criminal… y hermano de Dom.

Siguiendo la línea de Rápidos y furiosos 8, el eje de la trama es Toretto. Una serie de flashbacks nos muestran su juventud junto a su padre, un piloto de NASCAR que muere durante una carrera, y también el episodio que lo llevó a la cárcel y la tensa relación con Jakob. Estos momentos introspectivos son un condimento del plato principal, compuesto de persecuciones, tiroteos, explosiones, lucha cuerpo a cuerpo, pasos de comedia (con un humor más autoconsciente), cameos de músicos famosos y un elogio de los valores familiares. Y no se pueden dejar de mencionar las vueltas de tuerca (demasiadas) y la reaparición de personajes de entregas anteriores, incluso algunos que parecían haber sido asesinados.

Una vez más, el carisma de Diesel y la espectacularidad de las secuencias (el director Justin Lin regresa luego de la sexta parte) se erigen como los principales méritos de una historia que no se queda sin combustible debido a su falta de vergüenza para romper todos los límites. ¿Por qué la Tierra es un impedimento para las proezas automovilísticas? También cuenta con su gracia que Helen Mirren haya podido protagonizar una persecución a través de Londres (la actriz supo admitir que deseaba una intervención de ese estilo cuando se sumó a la 8 para interpretar a la madre de los hermanos Shaw).

Rápidos y furiosos 9 ruge su condición de blockbuster demencial y engrosa una mitología que no tiene freno.

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