Planetario

Crítica de Guillermo Colantonio - Fancinema

Una idea que se agota rápido

En Planetario, de Baltazar Tokman, siete familias de distintas regiones del planeta son unidas en el registro del film por una costumbre: en todos los casos los padres han filmado a sus hijos obsesivamente desde el día de su nacimiento. Tokman los convoca, entonces, para que continúen haciendo ese trabajo pero esta vez bajo pautas nuevas, que son puestas por el propio director del film.
Planetario es un representante de un cine que manifiesta un síntoma preocupante: falta de riesgo y complacencia con ciertos modelos de narración y de representación que tienden a las ideas de familia, relación amorosa e infancia, si se quiere, pero desde un marco estabilizador afectivo. Y además preocupa por su falta de solidez formal, disimulada con el montaje de registros fílmicos caseros tomados de distintas familias alrededor del mundo (tal como reza la advertencia inicial).
Lo que vemos es muy poco; lo que sostiene la película son los disparatados relatos, poderosos en su oralidad, con instancias de enunciación más creativas (en su afán por contar historias) que la figura de director que está detrás de todo el proyecto. Los problemas que surgen son varios. Primero, el carácter monótono de la propuesta que, lejos de hacer interactuar productiva y dialécticamente los materiales con los que trabaja, los expone en una sucesión efectista que se agota con rapidez. La prueba está en que se nota que no puede cerrarse el concepto y podríamos seguir los testimonios, como su inclusión, hasta el infinito.
Luego, las ideas en común giran siempre en torno a la tranquilidad del espectador, a la empatía buscada con las criaturas (literalmente hablando) más allá de su calidez y gracia. Si se indaga en las situaciones expuestas, todas concluyen en la fórmula institucional de la pareja como sostén hogareño. Muy poco de reflexión sobre el fundamento de filmarse y un feo aroma a multiculturalismo.