Pichuco

Crítica de Matías Orta - A Sala Llena

El tango no se cansó de brindar estrellas que trascendieron el 2x4 para adquirir el status de íconos a secas. Uno de ellos fue el bandoneonista, compositor y director de orquesta Aníbal Troilo, alias Pichuco, quien el 11 de julio hubiera cumplido 100 años. Entre los múltiples homenajes que se vienen realizando en Argentina y en el mundo, no podía faltar el aporte desde el cine. Pichuco funciona como dicho homenaje, pero va más allá.

Utilizando como hilo conductor a un docente de música que, con sus alumnos, está digitalizando alrededor de 500 arreglos manuscritos originales de la orquesta de Troilo, nos adentramos en el universo de Pichuco: su música, su influencia, su trabajo junto a estrellas de la talla de Cadícamo, su visión del tango y de la vida. Detalles y anécdotas que son transmitidos por músicos y figuras que supieron compartir experiencias con él, o que lo admiran, como Leopoldo Federico, Antonio Tarragó Ros, Adriana Varela y el poeta Horacio Ferrer. Sus colegas contemporáneos lo recuerdan de la mejor manera y destacan la importancia de su orquesta, su capacidad para hacer “fácil lo difícil” y de cómo “sentía lo que tocaba” y “llegaba a la piel del otro con dos notas”.

También hay imágenes de El Bandoneón Mayor de Buenos Aires, con algunas revelaciones: su primera imagen corresponde a Los Tres Berretines, la primera película sonora del cine argentino. Allí el músico tenía apenas 19 años.

Lejos de quedarse en un material cerrado, “para entendidos”, la película está estructurada para que los recién llegados al Planeta Pichuco puedan conocerlo y empaparse de su obra. Tampoco tiene un estilo “bonito” pensado para los extranjeros, quienes suelen acercarse al tango sólo porque lo consideran un entretenimiento exótico; está contado de una manera honesta, profunda, y logra cautivar sin poses ni otros recursos efectistas.

Martín Turnes tiene amplia experiencia como camarógrafo y director de fotografía, incluyendo documentales como el reciente ¿Quién Mató a Mariano Ferreyra? Un bagaje que se nota en el cuidado de la puesta, que incluye planos secuencia. Además, el director sabe organizar cada entrevista y cada elemento del documental, de manera que no se vuelva denso y conserve un ritmo dinámico, por lo que nunca pierde interés. Por otra parte, la participación de entrevistados de primer nivel permiten destacar un muy buen trabajo de producción.

Sin importar los conocimientos que el espectador tenga de Troilo ni del tango en sí, Pichuco es muy disfrutable. La oportunidad ideal para sumergirse en un artista que enalteció la cultura argentina. Una prueba de cómo sigue cautivando a las generaciones que supieron disfrutarlo y cómo los jóvenes de hoy lo aman y le rinden tributo.

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