Moonfall

Crítica de Csaba Herke - Leedor.com

Moonfall : Un homenaje a todo aquel que crea (o sienta) que es un nerd
Emmerich filma cine catástrofe, sin lugar a dudas. Y lo cruza de vez en cuando con grandilocuentes producciones pseudo históricas.

La base de su teoría general del universo está en la panspermia, una teoría con consecuencias muy al gusto de los “Mittel europeos”. De hecho, Emmerich es alemán y estudió Arte en Múnich, sus primeros filmes fueron y su productora está en Alemania (Roland Emmerich, (Stuttgart, 1955)

La idea de Panspermia ,(hay vida en todas partes del universo y se propaga a través de cometas y asteroides) fue idea de un biólogo alemán Hermann Richter en 1865, una de esas ideas que por adelantadas fue vista como un tanto arriesgada, casi un salto al vacío pero, cuando Svante August Arrhenius, (Suecia, 1859–1927) sostuvo la misma hipótesis fundamentándose en la dificultad de explicar el origen de la vida por medios locales y recibió el premio nobel en 1903 la teoría comenzó a tomar fuerza.

No solamente los Mittel europeos tuvieron sus “adalides panspérmicos”, los ingleses también. Las ideas de la vida extraplanetaria fueron reforzadas por los trabajos del químico y teórico Fred Hoyle (UK, 1915–2001) cuando demostró que el proceso de formación del carbono, al que denominó Nucleosintesis, no podía haberse dado en las condiciones físicas que la tierra tuvo nunca en el pasado. En la Tierra no hay, ni hubo, condiciones de energía suficiente para producir las moléculas de carbono, y por lo tanto necesariamente, debían provenir de otro lado, los principales candidatos son las estrellas.

En 1983 junto a Subrahmanyan Chandrasekhar ( India 1910- 1995, EEUU) y sus estudios de la estructura del universo, recibió también el premio Nobel, con un agregado de color: junto a Nalin Chandra Wickramasinghe ( Sri Lanka, 20 de enero de 1939) también astrofísico, defendieron la teoría de un universo estático una de las tantas teorías alternativas al Big Bang, que no tiene la bendición de los media.

Por otro lado, está lo que hoy se podría llamar literatura “conspiranóica”, o conspirativa. Uno de sus autores más conspicuos fue Erich Anton Paul von Däniken (Suiza, 1935) igual que J.J.Benítez (Pamplona 1946). La teoría del suizo es el que, supuestos extraterrestre entraron en contacto con los hombres primitivos y les enseñaron o cedieron tecnología, que las lineas de Nazca son pistas de aterrizaje por ejemplo; así asimila a los extraterrestres a un dios o héroe culturalizador, con su Best Seller Recuerdos del futuro (1968), llevado al cine en el film de nombre homónimo (Erinnerungen an die Zukunft , Harald Reinl, RFA, 1970) tuvo momentánea repercusión mundial. Además de haber estado preso por plagio y malversación de fuentes, sus lectores predilectos son blancos arios que no aceptan que los que hoy son países muchos del tercer mundo, hayan tenido pasados ilustres y grandiosos; el arqueólogo Juan Schobinger, profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, en su libro ¿Vikingos o Extraterrestres? explica el costado racial y europeo centrista de estas teorías.

En EEUU, Ron Hubbard amasó una fortuna con ideas similares. O sea, todo aquello que en la comunidad científica se denomina pseudociencia, conspiranoia; teorías que van desde supuestos contactos alienígenas en el pasado, planetas huecos, motores cósmicos, hasta una flota de platos voladores nazis en el Antártico, es un territorio fértil de ideas muchas poéticas donde se mezcla hipótesis científicas radicales, con las fantasías salvajes de adolescentes ofuscados, buscando explicaciones más allá de lo razonable, donde se abusa de simplificaciones y nunca se aclara que las consecuencias extremas de una teoría, no necesariamente deben o pueden darse en la realidad. Justamente para eso están la herramientas teóricas que da la termodinámica, cosa que la rigurosa práctica científica, aun cuando aburrida, muestra y demuestra una y otra vez; un territorio también que por alguna razón está minado de ideas y grupos radicales, de supremacistas blancos, homofóbicos y misóginos.

Por otro lado el cine catástrofe, si bien en los 70 tuvo su edad de oro, como “coletazo de la guerra fría”, sirvió también para mostrar y popularizar las bondades y veleidades de la tecnología y seguridad occidental. Quizás la película sobre la que se puede hacer pivotar todas las ideas de catástrofe es Aeropuerto 70 (Airport, George Seaton, EEUU, 1970) un grupo de personas, en general un gran reparto, son víctimas de una fatalidad. La saga de los Aeropuerto, se puede decir que estuvo financiada por la propia Boeing (dato no corroborado). Aeropuerto es al cine catástrofe, lo que Notre Dame es al Gótico.

Sin embargo ésta narrativa, se puede trasladar a otras épocas y adeuda a personas como Ray Harryhausen o Gerry Anderson haber podido llegar a donde llegó; finalmente el ambiente digital (se suele citar a Jurassic Park como el primer uso integral exitosos) vendría a ser la “cereza en la torta” que le permitió a Emmerich la demolición pormenorizada y maniática de ciudades y planetas, hacer volar camiones por el aire y producir olas dantescas. (ver el homenaje ¿irónico? oculto en Moonfall a Zaha Hadid)

Por qué este prefacio, porque Emmerich recupera en su cine todas estas ideas, desde su mayúsculo éxito: Stargate (Stargate, Emmerich, EEUU, 1994), no viene haciendo otra cosa que construir, hacia delante y hacia atrás una metahistoria, con elementos ciertos pero también ingenios de la más pura encarnadura conspirativa.

No pude ver Stargate en estreno. Vi El día de la independencia (Independence day, Emmerich, EEUU, 1896) en un bus o avión (no recuerdo); me horrorizó el (hoy supuesto) norteamericanismo belicista del film. EEUU se encumbraba en su rol de gendarme universal, (todavía no sabía que Soldado Universal, la había dirigido también Emmerich.)

Vi en estreno Marcianos al ataque (Mars Attacks!, Tim Burton, EEUU, 1996) y la leí como la respuesta de un cineasta a otro cineasta, un liberal a otro de derechas, el cine dialogando, creí por un momento, que el cine se disponía a discutir con élmisma planteos ideológicos y estéticos. Si era esa la intención del o los autores, nunca lo sabré, además la experiencia me indica que este tipo de preguntas los directores o los artistas no las contestan o contestan lo que se les viene en mente en el momento; pasó la época de los Antonioni, o Passolini, o los Tarkovsky, incluso un Billy Wilder, que aunque de manera juguetona, se pre disponían a reflexionar seriamente y con argumentos sus filmes incluso oponer un film a otro film, quizás Scorsese todavía está dispuesto a estos planteos.

“El diablo está en los detalles” dicen y los dichos como los mitos hay que tomarlos como son; detalles, detalles…. Los hombres musculosos y sudados peleando como mujeres en barro en Soldado Universal por lo menos debería haber llamado la atención, más donde todavía la diversidad de género no se había normatizado, el andar modelando de Jeff Goldblum hacia el final de Día de la independencia también, de la misma manera que ya sonaba rara la fruición con que Tim Burton destruía el senado, al principio era cómico, dejaba de serlo cuando se lo ponía junto al final de su Planeta de los simios, donde el astronauta volvía al capitolio de los EEUU y eran Gorilas los que habitaban el mundo; tampoco se percibía el extraño parecido a la caricatura de un Judío de la alemania de los ’30 del SXX en la caracterización de Danny De Vito del pingüino en Batman Returns, sumado a sus amenazas de carácter bíblico, todo parece conducir por un camino de equívocos; lo que parece divertido y caricaturesco (Burton) no lo es, como lo que parece una elegía de derecha (Emmerich) se torna en un giro paródico.

A partir de este momento, como dice Welles va por mi cuenta.

En el el Godzilla de 1998, Emmerich vuelve a mostrar algo que finalmente resulta extraño: una fábula en donde (siguiendo y amplificando la historia original), usa la idea de prensa amarilla, jugando con sus propios planteos, como diciendo, “miren que me divierte pero esto no es más que prensa amarilla”) en el clip de inicio film cuyo final muestra que la ciudad de Nueva York tiene huevos de monstruos (el huevo de la serpiente) en sus entrañas.

Si se juntan estas cosas, quizás como un detective borgiano, o la lectura de megadatos, concluya en cualquier lado, pero me voy a animar de todos modos. El gran tema de Emmerich al que parece que vuelve una y otra vez es la familia, y dentro de la familia, la relación entre el padre y el hijo, su ruptura y reunión, me viene a la mente la historia del hijo pródigo, si miran al padre de Jeff Goldblum en Independence Day quizás puedan ver al padre del cuadro de Rembrandt “el Hijo Pródigo”

El héroe para Emmerich, sea o no ficcional, persona (sea hombre o mujer) es en cuanto en algún momento de su vida, puede tomar las riendas de su vida y con eso cargar la de todos los otros, creer en lo que no creyó y hacer lo que nunca se atrevió a hacer, éste es, lo repite una y otra vez, para Emmerich el héroe, y solamente un héroe se puede hacer de una familia, por eso este último filme, Moonfall, además de ser una revisitación y puesta al día de Independence day, es un llamado a cada una de esas personas que en el cuarto de su casa no se animan a tomar el mundo en sus manos.

Otro detalle que me llamó la atención de Emmerich y que siempre lo confirma, es la mirada benigna que tuvo sobre Merkel, los Rusos y los Chinos en 2012 (2012 , EEUU, 2009) incluso a un mafioso ruso lo trata amigablemente, cosa más que extraña en el cine industrial americano y reconoce que la potencia laboral de china es debido a su sistema de producción, son ellos los que hacen las arcas, (y funcionan) y finalmente qué más benigno es, que un hombre pistola en mano, obligue a las fuerzas armadas de los EEUU a no usar bombas atómicas diciendo que él sí cree en su esposa, que ella puede arreglar las cosas; parece ingenuo, y escuché alguna que otra risa en la sala, sin embargo, pienso, que si más personas creyeran en estas premisas, la primavera de los claveles no habría sido en vano.

En Moonfall la gente, los críticos a los que pude escuchar se rieron o blasfemaron; es cierto, hay autores como Picasso que siempre intentan casi como publicistas y vendernos su reinvención, otros como Rodin o Moore dan vueltas y vueltas sobre unas pocas ideas, como decía un profesor de música (y esto no tiene que ver con una cuestión de gusto) los Rolling Stones son una banda de un solo tema.

Emmerich es una persona ciertamente preocupada hasta la manía por el fin del mundo antrópico, pero también por su salvación. No sé por qué a Miyazaki le perdonan sus destrucciones masivas y a Emmerich no; en realidad hablan de lo mismo, su conspiraciones terminan en ciencia real, hay un mundo que salvar, los políticos deben gestionar, la riqueza debe ser mejor distribuida, recordar que Emmerich en 2012 le hace decir al gobierno estadounidense que condona la deuda externa a cambio de dar libre paso a los ciudadanos norteamericanos.

No es poca cosa, en estos días de deudas ignominiosas.

Ex maridos que se pueden llevar bien, padres que salvan a hijos, o que finalmente los pueden ver más allá de ellos, donde hay finalmente perdón, nerds que se convierten en héroes y se reencuentran con sus madres en una eternidad biomecánica (una lectura más amigable que el frío rococó de 2001) . Creo que habría que preguntarse más seriamente lo que Emmerich nos quiere decir.

No creo, dije no creo, lo que significa decir es que no estoy convencido de que Emmerich crea seriamente en el conjunto de conspiraciones que usa en sus historias, de todos modos habría que decir que no hay cosa más divertida que una conspiración; que lograr establecer las ligazones que requiere una conspiración, es propio de una mente sutil y brillante, por eso Borges les prestó tanta atención, el problema no es ni los portales estelares, ni el monstruo fractal, las nanopartículas que se agregan para existir que ya había sido pensado ya Stanislaw Lem, lo que creo que habría que rescatar de Roland Emmerich es que su cine no es de guerras entre el bien o el mal, entre unos y otros sino que los monstruos finalmente contra quienes luchamos somos nosotros mismos, los creamos nosotros mismos, acabar con ellos, para él significa escucharnos, aceptarnos, creer en nosotros y en nuestros prójimos; es el militar que deja las armas y vuelve con la familia, ¿acaso no es también Odiseo eso?

Quizás una de las peores mellas que hizo la teorías conspirativas es que no sólo permitió envenenar el agua de la política, sino también el de las relaciones no políticas de los seres humanos, o sea las afectivas; las de aprendizaje enseñanza también. Los héroes de Emmerich son padres y madres que luchan por el futuro de sus hijos pero también por el de otros, de un planeta sustentable, donde también un nerd y su gato gordo (exótico) tenga un lugar asegurado.