Minions

Crítica de Emiliano Fernández - A Sala Llena

La jerigonza políglota.

Realizaciones como Minions (2015) sacan a relucir estrategias específicas, tanto artísticas como comerciales, de los grandes estudios de Hollywood en lo referido al empeño de exprimir una franquicia que ha probado ser redituable. En primera instancia descubrimos la doble maniobra de aislar al personaje más “celebrado” por el público infantil/ adolescente y colocarlo en el núcleo del relato de turno, en pos de jugar a seguro en taquilla. Luego tenemos la obsesión del mainstream de nuestros días con complicarse la vida gratuitamente ofreciendo -en vez de las clásicas continuaciones de antaño- una serie de películas que revolotean alrededor del régimen temporal de la saga y/ o hasta pretenden complementarlo.

Por más que se cambien los ropajes de ocasión y el maquillaje formal pase al centro de la escena, lo cierto es que este amasijo de idas y vueltas no puede escapar a la promesa detrás de toda secuela, léase el servir en bandeja a los mismos notables en nuevas y cíclicas aventuras, circunstancia que redirecciona a los consumidores hacia el desencanto, en función de un “giro narrativo” que ya no es tal y que nadie pidió. En este caso, y como el título lo indica, los que regresan son los pequeños seres amarillos que hicieron de las suyas en Mi Villano Favorito (Despicable Me, 2010) y su corolario del 2013, ahora convertidos en protagonistas de una mixtura entre los módulos quemados de la precuela y el spin-off.

Así las cosas, aquí somos testigos de todo lo que se podría esperar de una obra cuyo eje es una raza de criaturas apuntaladas en el humor físico, la ingenuidad y algún que otro detalle absurdo, siempre detrás del líder más “despreciable”. Más cerca de los Looney Tunes que del semblante torturado/ ambivalente de Gru, el señor que a posteriori se transformará en jefe de los minions, la propuesta presenta una versión caricaturesca de esa eterna vocación de servicio arruinada por la torpeza de los susodichos, quienes una y otra vez terminan provocando la muerte del héroe maligno a seguir. Por supuesto que la solución eventual, un autoexilio en la Antártida, no durará mucho y un grupito partirá en busca del próximo amo.

Si bien el trío compuesto por los simpáticos Stuart, Kevin y Bob no pasa vergüenza en este viaje bufonesco y un tanto caótico, resulta evidente que el guionista Brian Lynch y los realizadores Kyle Balda y Pierre Coffin fracasan en su intento de reemplazar a Gru con Scarlett (Sandra Bullock), una villana que en 1968 planea manipular a los minions -como Gru manipuló a las tres huérfanas en la original- para robar la corona de la Reina Isabel II. Por más que se agradecen el costumbrismo británico y una banda sonora con canciones de The Who, The Kinks, The Rolling Stones, The Doors y The Beatles, la jerigonza políglota apenas si soporta esta epopeya de protagonistas poco desarrollados y muy esquemáticos…