Maze Runner: La cura mortal

Crítica de Rolando Gallego - EscribiendoCine

Soluciones

El cierre de la saga ideada por James Dashner enfocada en un grupo de jóvenes que deberán sortear una infinidad de obstáculos para poder sobrevivir, potencia una propuesta que en su totalidad ha sido fiel a los libros en los que se inspiró, creando un universo visual fuerte y único.

Maze Runner: La cura mortal (Maze Runner: The Deat Cure, 2018) no escapa a la creatividad que sus predecesoras tuvieron, aunque su excesiva duración termine por resentir una estructura narrativa clásica, con subrayados constantes para explicar ideas que aparentemente quedan inconexas, explorando varios géneros a la vez (acción, ciencia ficción, fantasía, etc.) en su mundo distópico que deja a merced de una siniestra corporación el destino de todos los protagonistas.

WICKED, tal es el nombre de la misma, avanza sobre los seres, ubicando nuevos muros para encorsetar a aquellos afectados por el terminal virus, pero también para evitar que los “larchos” puedan regresar al lugar y así propagar sus ideas de libertad y esperanza entre el resto de los sobrevivientes.

En un mundo en donde todo es oscuro y apocalíptico, la esperanza puesta en Thomas (Dylan O'Brien) por liberar a la humanidad de los siniestros planes de Ava Paige (Patricia Clarkson), ahora secundada por Teresa (Kaya Scodelario), quien traiciónó a su grupo para avanzar con las investigaciones que supuestamente terminarían con el virus que afectó a gran parte de la especie humana, será el disparador de una nueva entrega de la saga.

Así, el relato trabajará con dos líneas discursivas contrastantes entre sí, por un lado la de Thomas y su grupo, queriendo dar con el paradero de Minho (Ki Hong Lee) y terminar de una vez por todas con el poderío de WICKED y su autoritarismo, y por otro Teresa, soportando humillaciones y experimentando las 24 horas del día para conseguir la cura de la siniestra amenaza que mantiene en vilo a todos.

Y mientras uno y otro superan los obstáculos que se les presentan, el guion avanza aún más con sus personajes, imponiendo que deberán, además, luchar con el recuerdo de cada uno, de aquel ingenuo amor que se inició detrás de los muros del laberinto, a fuerza de encuentros casuales mientras ideaban planes para poder salir del laberinto mortal.

Con una estética similar a las entregas anteriores, pero con la consolidación de algunos personajes como Newt (Thomas Brodie-Sangster), afectado por el virus, con la intención de acompañar a Thomas a como dé lugar, dejando su propia vida en ese camino, Maze Runner: La cura mortal viene a cerrar la historia de los “larchos” y su incesante capacidad para superar en equipo las trampas mortales que se les han presentado.

Wes Ball se pone una vez más tras las cámaras y logra construir un universo propio y único, que si bien reitera algunas características de las películas lanzadas con anterioridad, potencia su propia impronta con una mezcla de narración en dos planos que dinamizan algunas escenas y momentos de tensión.

Tal vez su necesidad de cerrar la épica de Thomas y Teresa descuida la estabilidad de la trama, causando algunos momentos más “realistas” que atentan con el espíritu completamente fantasioso de toda la saga y que refuerzan ideas sobre el amor y la amistad que trascienden al espectáculo que presenta.