Marley

Crítica de Guillermo Colantonio - Fancinema

La mirada oficial

Son difíciles los análisis centrados en la modalidad de documentales sobre músicos, y más aún si uno ama las canciones que nos dejaron. No es mi caso con respecto a Bob Marley y al reggae, uno de los estilos más bastardeados y banalizados por generaciones. No obstante, sin ser un seguidor, jamás negaría su talento. Es así que me acerqué a Marley sin demasiada expectativa. Los antecedentes del género muestran, en términos generales, una admiración incondicional sin puntos de vista confrontados o una apología del desastre basada en la idea romántica del artista que se destruye a sí mismo. Son pocos los que salen airosos (me atrevería a decir que los de Scorsese sobre Dylan y Harrison son dos ejemplos contundentes).
La mirada de la película de Kevin Macdonald sobre Marley se construye desde un marco oficial, dada la abrumadora presencia de testimonios de familiares (algunos participaron como productores) y amigos. Si bien representa una ventaja por la cantidad de archivos inéditos aportados, por otro lado no logra despegarse de una cierta hagiografía casi inevitable en esta clase de retratos. Lo interesante es que lo anterior no es una constante y sí se pueden destacar momentos valiosos. Entre ellos, la evolución musical del protagonista. Hay aquí una cautivante revisión de los Wailers en los sesenta y de cómo se fue definiendo el estilo posterior. También, el análisis sobre su conflictiva condición de mestizo en la Jamaica de entonces y las contradicciones que surgen cuando se pega el salto a la fama.
Como otros artistas, Marley fue utilizado en los setenta por intereses políticos de pandilleros más que ideólogos (algo similar le ocurrió a Lennon). El director alterna las canciones con hermosas locaciones bien captadas en sus ambientes y el montaje posibilita una narración fluida. El didactismo cumple a la hora de referirse a cuestiones en torno a la religión rastafari, a los prejuicios de la industria musical y a los tensos vaivenes de la banda.
También hay una escena que merece destacarse porque es un punto central en esta clase de documentales. En un determinado momento, se les da a los parientes auriculares para que escuchen la canción Cornerstone luego de aportarles información sobre su contenido. La resignificación evidenciada en sus miradas es también la de los espectadores cuando escuchan las canciones de cualquier músico en el contexto de una sala y las vuelven a considerar desde otro punto de vista gracias a la habilidad del director. Extraño momento que es, a criterio personal, lo mejor del film.
Sin embargo, hacia el final (cuando los minutos empiezan a pesar) el film cae en los laudos que había tratado de evitar y en algunos golpes bajos (siempre será discutible cuando se muestran fotos de personas enfermas). Entonces aparece un interrogante que bien podría formularse al respecto: ¿la película se trata de una confirmación de lo sabido o de un aporte enriquecedor? La respuesta la tendrán los incondicionales a Bob.