Magallanes

Crítica de Roger Koza - Con los ojos abiertos

Extorsión, secuestro, violencia, corrupción, brutalidad, sustantivos propios de una veta del cine latinoamericano que se celebra en casi todos los festivales del mundo, la conocida y exitosa vía de la sordidez. Aquí un taxista (Damián Alcázar) y viejo soldado, aún al servicio de su superior, un coronel interpretado por el actor argentino Federico Luppi, se reencuentra azarosamente con una mujer indígena que fue abusada por él y su superior en tiempos de combate contra el terrorismo vernáculo en Ayacucho. El protagonista que lleva el nombre del título es quien intenta compensar el daño ocasionado en la adolescencia de la víctima a partir del dinero proveniente de un secuestro extorsivo, dinero que serviría eventualmente para que esta mujer pueda pagar las cuotas faltantes de una propiedad en la que tiene una peluquería (y mantener a su hijo discapacitado). El debut del deportista, abogado y famoso actor Salvador del Solar (Pantaleón y las visitadoras) detrás de cámara resulta tan ambicioso como desgarbado: los jump cuts iniciales, cuando Magallanes maneja su taxi, los planos generales en picado para mostrar al personaje durmiendo y los lentos travellings para seguir ciertas acciones lucen como decisiones estéticas decorativas que pueden darle cierto aire de buen cine a este film académico orientado a ilustrar la novela de Alonso Cueto La pasajera y, por consiguiente, delinear una moraleja histórica acerca de la culpa del sector más reaccionario de la sociedad peruana. Magaly Solier en el papel de Celina, víctima del machismo castrense primitivo, apenas tiene lugar en el relato, hasta que en una escena final que está muy por encima del resto de la película la actriz demuestra su talento mientras su personaje expresa toda su indignación y dignidad en quechua.