Magallanes

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

Es el pasado que vuelve

Drama sobre la tardía redención de un soldado ante un hecho aberrante, es una premiada coproducción

Entre la redención y el oportunismo, la posibilidad de ganar un buen dinero y reparar, si fuese posible, una afronta terrible del pasado, Magallanes, el protagonista que le da con su nombre el título a la película, pelea con las pocas armas que tiene. Fue soldado en una época conflictiva en su país, Perú, pero donde pone el foco el filme de Salvador del Solar es en la ética.

Cuando Magallanes (Damiám Alcázar, casi perfecto) estaba en la barraca del Ejército, el Coronel (un Federico Luppi hecho una macchietta, lamentablemente) se apropió de una adolescente, Celina (Magaly Solier, de La teta asustada y Madeinusa, creíble) a quien mantenía encerrada. Y abusó de ella. Muchos años después, el Coronel está postrado, y con signos de Alzheimer, y Magallanes es como su chofer. Hasta que un día se cruza y reconoce a Celina, e idea sin que ella lo sepa, un plan. Chantajea al Coronel -en verdad, a su hijo- con contar la verdad, pero desde el anonimato.

La coproducción argentino peruana, que perdió con El Clan el Goya a la mejor película iberoamericana, y ganó el Festval de Huelva, no plantea nada novedoso, y no está a la altura, por ejemplo, de La muerte y la doncella, la obra de teatro de Dorfman que Polanski llevó al cine, y en el que los fantasmas del pasado de una detenida generaban una tensión, y más, asfixiante.

El problema que surge en Magallanes es que, aunque esté bien narrado, el relato no sorprende jamás. Todos los pasos parecen más o menos previsibles, pero se rescatan el tema y las actuaciones.