Las momias y el anillo perdido

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

EL VIEJO-NUEVO ORIENTE

De un tiempo a esta parte el cine español, al compás de sus acuerdos de distribución con las grandes compañías norteamericanas (en el caso que nos convoca tenemos a Warner), se ha convertido en una de las factorías de cine animado más importante en un rango de películas de segunda línea, tanto técnica como narrativamente. Las momias y el anillo perdido, de Juan Jesús García Galocha, es un claro ejemplo de lo que estas películas pueden ofrecer: una calidad técnica estándar, cierto ritmo que fusiona la comedia con la aventura llevándose por delante cierta lógica narrativa, y una estructura pensada para que impacte al público más chico, aportando guiños que no dejen afuera al público adulto; todo eso que tienen las historias de Tadeo Jones, por ejemplo. Ninguna de estas películas es una maravilla, pero por cierto tampoco es una desgracia imposible de mirar. Profesionalismo que le dicen.

En algún sentido, estas películas son también un poco antiguas. Están pensadas a como estaban pensadas la mayoría de las viejas películas de animación mainstream, que eran básicamente un cuento bien contado, sin demasiados niveles de lectura y directas en sus modos expresivos. También conservadoras, porque de alguna manera sostenían cierta estructura social que aquí se respeta traicionando el punto de inicio: La protagonista, Nefer, es una princesa egipcia de los tiempos de las carreas de cuadrigas que se niega a seguir la voluntad divina de casarse con un hombre elegido por el Ave Fénix; su deseo es convertirse en una cantante pop. Hasta que por un error el pájaro elige a Thut, un auriga retirado que tampoco manifiesta demasiado interés en la princesa. Obviamente la aventura los llevará a compartir tiempo y espacio, y a ir descubriendo algo parecido al amor.

La aventura aquí es un elemento que integra lo fantástico: El dueño de un museo descubre un pasadizo hacia una tierra de momias vivientes y eso lo lleva a un muy codiciado anillo, que será el objeto de disputa entre el arqueólogo y las momias. La película jugará entonces sobre el choque de civilizaciones (por decir algo), con las momias saliendo de su mundo y llegando a Londres, a la que confunden con el Imperio Romano. La diversión pasará por lo anacrónico, por esa fricción constante entre un universo antiguo que no comprende demasiado este mundo moderno, aunque a la película se le note un poco la modorra para crear situaciones divertidas. Es que a la película de Juan Jesús García Galocha le falta sofisticación como para hacer de ese juego algo realmente ocurrente: Las momias y el anillo perdido avanza entonces entre chistes leves y recursos que se descubren demasiado parecidos a los de otras películas, aunque se agradece en primera instancia su corta duración y su rápida aceptación de que lo suyo tiene que ser el movimiento constante que disimule sus imperfecciones. El final es con los personajes cantando un conocido tema pop, como Shrek hace veinte años. Y con casamiento. Así de viejo es todo.