Las fiestas

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

GRITOS Y DISCUSIONES EN FAMILIA

De La ciénaga a esta parte son varios los directores argentinos que han pretendido construir un retrato de clase, enmarcando a un grupo familiar en un contexto donde la naturaleza y el estatismo invitan a la reflexión y el replanteo de vínculos. Son como aquellas películas norteamericanas que reúnen a una parentela en los días de Acción de Gracias o Navidad. Sin tanto vuelto formal como aquel film de Lucrecia Martel, Las fiestas se inscribe en esa vertiente, al reunir en una casa de campo a una madre con sus tres hijos que vienen de la ciudad para celebrar precisamente -y a regañadientes- la Navidad, cada uno con su crisis personal relacionada con lo sentimental, lo vocacional o lo laboral.

La película de Ignacio Rogers funciona como comedia en sordina, que expone las internas de una familia y de tres hijos que parecen tener varios reproches para con su progenitora. Hay gritos, discusiones, pero todo adquiere por momentos el tono del absurdo, de hijos que aunque se ven adultos tienen reacciones que los hacen ver como chicos. Las fiestas está construida desde el punto de vista de una generación que está pasando de la juventud a la adultez, en un estado de incerteza latente que provoca choques inconscientes (o tal vez no tanto) con aquello que parece impuesto. Hay hijos más permeables a los mandatos y otros que intentan romper con ellos. En esa pulseada se van pasando los días de convivencia de los protagonistas.

De todos modos, la película padece un poco la crisis de sus personajes: es que por momentos pretende cierta profundidad pero se termina quedando en la superficie, o en algunos caprichos estériles, especialmente porque se recuesta demasiado en la solidez que aporta su cuarteto protagónico (Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Daniel Hendler, Ezequiel Díaz están todos muy bien). La apuesta de Las fiestas es por el viaje emocional y por la empatía de un espectador prototípico. Sin embargo, hay también un juego entre el tono del cine industrial y de las necesidades de cierto cine más autoral que no terminan de hacer sistema, algo que queda ejemplificado en la última escena.