La pequeña traviesa

Crítica de Rolando Gallego - EscribiendoCine

Animaladas

El cine y la televisión ya han regalado varias versiones de Doctor Dolittle, aquel excéntrico médico protagonista de una serie de exitosos libros infantiles en los que se desarrollaban aventuras a partir del disparador narrativo principal: la habilidad del médico para poder dialogar con los animales, y a partir de este “don”, no sólo ayudarlos sino también relacionarse de otra manera con la naturaleza.

Si bien hubo varias adaptaciones (se anuncia para 2019 una nueva con Robert Downey Jr.), Joachim Masannek dirige una suerte de relectura de esta épica en La pequeña traviesa (Little Miss Dolittle, 2018), producción alemana en la que Lilli, es quién se comunica con la fauna.

Lilli ha prometido a sus padres que nunca más hablaría con los animales, motivo por el cual su familia ha tenido que dejar varios pueblos para evitar que la descubran. Luchando con sus propios miedos, advierte la desaparición de animales y un pequeño elefante del zoológico “Paradisia”, y recurre una vez más a su habilidad para desentrañar el misterio.

Aquello que podría ser simpático, entretenido, y hasta anecdótico, y dirigido a un público primordialmente infantil, por el rechazo automático con el personaje central, termina convirtiéndose en un suplicio para los espectadores, quienes por más de 100 minutos sólo verán un relato de facturación pobre, con problemas de montaje y coherencia lógica y una producción que no está a la altura de la propuesta.

Algo similar ofreció la pantalla nacional cuando Locos sueltos en el ZOO (2015), intentaba capturar la atención durante el receso invernal de esa época, con animales que hablaban por la superposición de imágenes de labios humanos y una trama que, no hace falta aclarar, hacía agua por todos lados.

El principal inconveniente de este tipo de productos, es no sólo la extensión, sino su acentuado desinterés por el público que intenta cooptar, y en ese menosprecio por su target comienza a desarticular todas las premisas asociadas, construyendo relatos con una producción pobre que no está a la altura de las circunstancias.

Además, acá la protagonista es mala, no hay manera de empatizar con una niña insufrible, que consigue a fuerza de caprichos lo que quiere y que se asocia -y desasocia- de sus compañeros con la misma rapidez con la que la edición nos hace ir saltando de escena en escena sin continuidad ni lógica.

La limitada producción, que prefiere generar por CGI un elefante bebé antes que capturar imágenes reales y luego ubicarlas en las escenas, tampoco permite jugar con los espacios, y mucho menos generar la necesaria sensibilidad y emoción por los animales desaparecidos que la niña quiere recuperar.

En tiempos en donde los zoológicos van cediendo su lugar a espacios amigables y ecológicamente dignos, el único cautivo en La pequeña traviesa es el espectador, a quienes aconsejamos dejar pasar esta fallida propuesta que engaña con su brillante imagen promocional y defrauda con su propuesta.