La habitación del horror

Crítica de Csaba Herke - Leedor.com

La habitación del horror, de Kim Kwang-bin
Una cinematografía puede dar cuenta de una sociedad, y la coreana tiene dos extremos notablemente definidos. Uno es el edulcorado melodrama, que en su versión más extrema resulta en el K-style, el otro un terror que en apariencia es ominoso, pero que en el fondo es puramente didáctico, una suerte de combinación entre la cultura oriental y la moral occidental.

Algo similar a lo que pasó en Europa en los primeros siglos de cristianización, cuando las viejas costumbres shamánicas totémicas se resguardaron dentro de la nueva religión cobrando formas de santos o demonios.

En todas las culturas aparece la idea de lugares que funcionan a la manera de espacio sagrado. Permiten unir mundos, sea éste un círculo de piedras, de hongos, algún árbol particular. Tal vez más profano es algún muro que separa el bosque de la pradera culturizada. Ya en las casas este lugar podía ser un escritorio, o simplemente un cuarto, el cuarto del tío/a, abuelo/a, invitado/a, un cuarto misterioso y prohibido. Pero en un mundo donde no hay espacio para cuartos, lo más parecido a un portal puede ser un placard.

Los placares tienen larga historia tanto en la literatura, en la música, y en el cine.

Las dos dimensiones que el placard establece puede funcionar de muchas maneras, desde ser un portal a lo fantástico (Narnia) o lo que posibilita ver y escuchar lo que de otra manera no podría verse (ver la discusión Zizek-Chion en relación a Blue Velvet), También Pixar explota la idea del placard como portal, o como E.T., también Critters hasta existe un placard que vuela en el espacio y en el tiempo; un caso especial es la británica Dr. Who, donde el placard es reemplazado por una garita de policía.

Ese espacio donde se amontonan recuerdos, cosas sin uso, es un lugar donde también desaparecen otras cosas e incluso secretos familiares. Salir del placard es una célebre frase que tiene el mismo sentido en casi todos los idiomas.

Hay que recordar también ciertas genealogías que se pierden en el tiempo, el gabinete o cuarto de las maravillas, que funcionaban más o menos a partir del siglo XVI, como suerte de museo privado. Allí, el coleccionismo, de cierto tinte enciclopédico y algunos residuos de magia ya puestos bajo la tutela del iluminismo, podía encontrarse con cosas tales como cráneos de la Polinesia, la Patagonia, objetos de supuestos seres extraordinarios; el film de Robert Wiene: El gabinete del Dr Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, Alemania, 1920) film por antonomasia del Expresionismo Alemán.

La habitación del horror (The Closet, Corea, 2020) de Kim Kwang-bin, guionista y director, se delinea ya con su marca de origen, en el género de terror del Lejano Oriente y Sudeste Asiático. Este conjunto de países que desde Japón a Corea, también Filipinas y Malasia, o la India, reformularon el terror, echando mano principalmente a su identidad cultural. El terror chino es un capítulo aparte; para el ojo inadvertido diferenciarlos muchas veces puede ser algo difícil. Desde Ring, basado en el Best Seller de 199 de Koji Suzuki dirigida por Hideo Nakata en 1998, el tema parece haber entrado en un callejón sin salida.

Pequeñas diferencias que no hacen a la esencia: la culpa, el pecado, las deudas morales y económicas se confunden más y más unas y otras, (honrarás tu deuda), algunas veces disfrazados con cuestionamientos sociales otra con supuesto o no, mitos y leyendas.

El resto es obvio: el chamán, los espectros, los cortes abruptos que parecen encantar a los adolescentes, todo investido de un traje finalmente moral, la fotografía en la gama de los azules tampoco es novedad. Podría decir finalmente que el film, más que crear algo nuevo, funciona como la misa de los domingos, yque todo acto que se desvía de lo correcto tiene un castigo en el mundo preternatural, y que es mejor no perturbarlo. Más que eso no se puede decir de un tema que si en un momento fue refrescante hoy se vuelve una propaganda (no publicidad) demasiado repetida.

Para otro día quedará algún dossier de objetos y sitios malignos o dicho un poco más técnicamente hierofánicos: placares, camas baños y preguntarnos por qué, cómo evolucionan junto con el hábitat estos terrores, hasta entonces me despido de ustedes y que duerman bien esta noche.