La educación gastronómica

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

UN FILM INOFENSIVO

Me ha sucedido durante el BAFICI y también en Mar del Plata, donde participó La educación gastronómica en la edición del 2012: me surge la duda de cómo ciertos films argentinos entran en competencias de festivales prestigiosos, siendo apenas acertados ejercicios para escuelas de cine. Es lo que me sucede con la ópera prima de Marcos Rodríguez, quien luego dirigiría el mucho más interesante documental Arribeños.

Estamos ante una película apenas correcta en su realización, con dos actores que en ciertas secuencias evidencian dificultades para llevar los protagónicos de este relato centrado en dos compañeros de la escuela secundaria que se reencuentran en su pueblo de origen.

Uno está clavado ahí, obligado a esperar que una fractura de su brazo evolucione para poder regresar a Buenos Aires. El otro había probado suerte antes en la Capital, pero prefirió volver a la ciudad. Ambos inician una serie de charlas y encuentros, buscando retomar la amistad que había quedado interrumpida por la llegada de la adultez. No hay mucho más en la narración (de hecho, se puede decir que casi no hay conflicto) y eso termina atentando contra el resultado final, que es tan vacuo como inofensivo.

De hecho, el film, a pesar de sus escasos 84 minutos de duración, da la impresión de haber sido estirado demasiado y que su relato daba más para un corto o mediometraje. Sostenida básicamente en la palabra antes que en las imágenes, con algunos diálogos interesantes y otros demasiado impostados, La educación gastronómica no ofende pero vuelve a plantear una dicotomía permanente en buena parte del cine argentino: cuál es su público, su horizonte de espectador y qué es lo que busca transmitirle. Una película chiquita, demasiado chiquita, sin grandes elementos para destacar.