Khumba

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

La cebrita que quería rayas

"A veces retroceder es la única forma de continuar". El mensaje, que puede sonar algo contradictorio, es en esta película de animación sudafricana toda una síntesis de los temas que abarca.

Hay una cebra que nació diferente al resto -no tiene rayas negras de la mitad del cuerpo hacia la cola-, por lo que la cargan y le dicen "ceb", marginándola. Y que, antes que sentarse a sufrir la discriminación, parte decidida siguiendo el consejo de un conejo: la leyenda dice que en algún lugar existe un pozo mágico de agua, donde podría recuperar las rayas.

Y por si fuera poco, no llueve desde hace rato, por lo que la supervivencia en esa región rocosa africana se hace más difícil.

Las metáforas y las comparaciones en los filmes para chicos están claras, a la vista. Pero no siempre, por fortuna, son remarcadas. Y Khumba baja su línea, pero lo hace de manera casi natural.La fauna es amplísima: están el leopardo malo, ciego de un ojo, que amenaza a las cebras, un águila negra que es blanca (?) y otros extraños especímenes, sean suricatas, cabra, avestruz, bisonte, coyote, oveja (?) y hasta un mantis.

¿Quieren más cosas insólitas, singulares? Las cebras juegan al fútbol -¿efectos del Mundial de Sudáfrica?- y hasta gritan gol.

El 3D no es algo que sume, añada demasiado, por lo que no afecta verla con o sin anteojitos. Amable, se deja ver con o sin pochoclo, y le fue tan bien en su país de origen que el año que viene se estrena la secuela.