Karnawal

Crítica de Pablo Suárez - Sublime Obsesión

“Con el paso del tiempo, me doy cuenta de que invertí tantos años de mi juventud en el baile porque era mi refugio para escapar del incoherente mundo de los adultos. De esto intento hablar en esta película: ¿Dónde nos refugiamos cuando somos adolescentes y el mundo adulto que se nos impone viene con muchas más preguntas que respuestas?”, señala Juan Pablo Félix, guionista y director de Karnawal, su ópera prima que ganó como Mejor película Iberoamericana en el Festival de Málaga y Mejor director en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Cabra es un adolescente vive con su madre en el norte de Argentina, cerca de la frontera con Bolivia. Su gran sueño es ser bailarín profesional de malambo. Justo cuando se prepara para una competencia muy importante Cabra recibe la visita de su padre, El Corto, un delincuente con libertad condicional por unos días. De ahí en más, Cabra y su madre se involucran, contra su voluntad, en actividades ilegales que podrían frustrar la participación del joven bailarín en la competencia.

Rodada íntegramente en la provincia de Jujuy y parte de Bolivia, Karnawal es una de esas películas que inmediatamente llaman la atención por su cuidado formal, tanto fotográficamente como desde el plano sonoro. Evitando la mirada simplista del exotismo, Félix filma de modo tal que el universo de Karnawal se sienta tan real como cercano, a punto tal de que el espectador esté casi inmerso en cada uno de los distintos escenarios. En su representación del carnaval aparece un sesgo documental y en la del malambo, un pequeño gran espectáculo se despliega ante los ojos del espectador.

Alfredo Castro, Mónica Lairana, Martín López Lacci y Diego Cremonesi son una gran parte de la columna vertebral de un relato que oscila entre el realismo duro en sus contenidos y la contemplación poética en la manera en que se transmiten esos contenidos. Tensa y nerviosa por momentos, reposada e introspectiva en otros, la película de Félix apunta alto y aunque ocasionalmente aparezcan sus falencias – cierta redundancia en plasmar el conflicto central, un Cabra quizás demasiado opaco, algún que otro momento donde asoma el estereotipo, pequeños problemas con la progresión dramática – lo cierto es que los varios aciertos son más significativos. Es que son los momentos cuando Karnawal tiene una resonancia más profunda.

La vida que transitan los protagonistas de este mundo peculiar es melancólica y vital al mismo tiempo, ardua pero con satisfacciones, y eso también aleja a la historia de otro simplismo: el del sufrimiento eterno del joven artista que intenta triunfar frente a la adversidad. Acá nada es blanco o negro, aunque tampoco haya tantos grises. Así, el equilibrio tonal le da un espesor poco visto en el cine nacional contemporáneo.