Interestelar

Crítica de Matías Orta - A Sala Llena

Generando amores y odios en el camino, Christopher Nolan se consagró como uno los cineastas más importantes del momento. De sus comienzos más independientes, con Following, pasó a superproducciones hollywoodenses, como la trilogía de El Caballero de la Noche, sin perder jamás sus preocupaciones de la primera hora. Uno de los pocos autores capaces de demostrar que, incluso hoy en día, es posible combinar calidad y gran espectáculo. Pero ninguno de sus trabajos anteriores llega al nivel de ambición que propone en Interestelar.

La Tierra se aproxima a su fin. La escasez de alimentos provoca una terrible crisis alimenticia. Las nubes de polvo se vuelven constantes, como si pretendieran sepultar a todo ser vivo. Entre quienes padecen este inminente Apocalipsis está Cooper (Matthew McConaughey), granjero con pasado de piloto aeroespacial. En un paraje campestre, se las arregla para mantener a su familia, compuesta por su suegro (John Lithgow), su hijo (Timothée Chalamet) y Murph (Mackenzie Foy), su pequeña hija, con quien tiene una especial afinidad. Una misteriosa señal lo lleva a la NASA, que se creía inactiva, y allí será reclutado para una misión crucial: encontrar nuevos mundos que las personas puedan habitar. No otros planetas de la Vía Láctea, sino en galaxias vecinas, a las que podrán acceder mediante agujeros de gusano. Cooper y un grupo de valientes emprenderán un viaje a través del tiempo y del espacio. Pero, ¿qué serán capaces de sacrificar nuestros héroes con tal de conseguir un futuro para la raza humana?

En El Origen, Nolan ya había dado muestras de una muñeca interesante para el cine de ciencia ficción, en el que abundaban realidades paralelas relacionadas entre sí (de hecho, los saltos temporales siempre fueron una de sus marcas de fábrica). Ahora la apuesta es mucho más grande, pero desde un punto de vista distinto: hay obsesión, como en toda la obra nolaniana, y personajes atormentados, pero aquí el accionar es por una cuestión positiva, humana. Cooper acepta salvar a la humanidad, pero no soporta separarse de los suyos, principalmente de Murph. Por esta razón, más allá de los viajes espaciales y las peripecias en planetas acuáticos o helados, el film es acerca de la separación entre padres e hijos, y de cómo los sentimientos cruzan toda barrera. Debajo de un caparazón de teorías y fórmulas matemáticas (muy densas, por momentos), debajo de las cuestiones científicas, hay un corazón que late amor puro y verdadero. No es casual que durante años el proyecto estuviera en mano de Steven Spielberg, especialista en asuntos familiares. Es cierto que el director de E.T. hubiera manejado con más soltura las escenas dramáticas y conmovedoras, pero Nolan deja de lado su frialdad característica y se las arregla para darle sentimiento a las escenas que lo requieren.

Y justamente el sentimiento, la humanidad de la historia, reside en el trabajo de los actores, empezando por un consagradísimo Matthew McConaughey; un actor capaz de darle carnadura y complejidad a su personaje, de manera que el público nunca deje de sentir empatía por él. Anne Hathaway y, en especial, Michael Caine, repiten con el director. En tanto la estupenda Jessica Chastain es la otra debutante, pero contar más sobre este y otros personajes que se van sumando sería incurrir en spoilers.

Sin alcanzar la altura de sus obras cumbres, y pese a que algunos de sus vicios estilísticos a veces resulten excesivos, Interestelar es la película más emocional de Christopher Nolan. Transita por el sendero de la ciencia-ficción cinematográfica más seria, representada por Solaris y 2001: Odisea del Espacio, pero tiene una personalidad y un corazón propios. Una experiencia digna de ser vivida.