Imparable

Crítica de Emiliano Fernández - CineFreaks

¿Y dónde está el maquinista?

El caso de Tony Scott es bastante peculiar: siempre opacado por su hermano Ridley, el hombre indudablemente dejó su marca en el género de acción sin ser muy consciente de ello, influenció a varias generaciones de colegas sin recibir el crédito correspondiente y para colmo viene filmando la misma película desde Top Gun (1986), detalle más detalle menos. Algunos dirán que lo único bueno que hizo fue El Ansia (The Hunger, 1983), los amantes de los thrillers se inclinarán por Escape Salvaje (True Romance, 1993) y el resto irá a Marea Roja (Crimson Tide, 1995) y El último Boy Scout (The Last Boy Scout, 1991).

A esta altura no es ninguna novedad que la década precedente fue exitosa a nivel comercial pero sumamente pobre en términos artísticos: dentro de aquella maraña de trabajos tan ambiciosos como huecos, cuesta recordar aunque sea un opus valioso del director en ese período. Se podría afirmar que Imparable (Unstoppable, 2010) en buena medida corrige lo anterior a través de un relato enérgico acerca de una formación ferroviaria fuera de control en la línea de Escape en Tren (Runaway Train, 1985), por supuesto intercambiando la poesía del inmenso Akira Kurosawa por un obrerismo light y oportunista a la Hollywood.

Luego del poco preciso “inspirado en eventos reales”, comienza el devenir de la típica pareja despareja, Frank (Denzel Washington) y Will (Chris Pine) en esta ocasión, quienes al frente de una locomotora con muchos vagones a cuestas deben evitar colisionar con el extraviado, otro carguero que transporta a toda velocidad sustancias químicas peligrosas (es preferible no adelantar la causa por la que el convoy queda sin maquinista, resulta demasiado hilarante…). Así las cosas, nuestros héroes sortearán amenaza tras amenaza mientras que la encargada Connie (Rosario Dawson) los asiste desde el centro de mando.

Superando a la mediocre Rescate del Metro 123 (The Taking of Pelham 1 2 3, 2009), aquí Scott construye uno de sus mejores films en años valiéndose de elaboradas escenas de acción que -para variar- consiguen que nos olvidemos desde el inicio de los baches en el desarrollo de personajes. El inglés se contiene en lo que a “cámara hiperquinética” se refiere y ennoblece el limitado guión de Mark Bomback gracias a su clásico festín sensorial (fotografía preciosista, primeros planos implacables y una edición que no descuida la música). Más allá de algunos desaciertos aislados, la intensidad está más que garantizada.