Imparable

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

Es sólo una carrera contra el tiempo, pero me gusta

Un thriller sobre un tren que lleva vagones cargados con material tóxico y explosivo corriendo -sin conductor a cuestas- a más de 100 kilómetros por las vías de Pennsylvania con el peligro inminente de generar una catástrofe humana y ecológica en plena ciudad. Nada más (y nada menos) que eso es Imparable, otro tour-de-force narrativo de ese reconocido artesano (para algunos, incluso, un autor dentro de las lides hollywoodenses) que es Tony Scott.

Tras narrar una tensa historia ambientada en el subterráneo neoyorquino como la remake de Rescate del metro 123, el hermano de Ridley Scott y responsable de títulos como Top Gun, Escape salvaje, Enemigo público y Déjà vu regala otro film a puro vértigo, tensión y adrenalina con un protagonismo algo más repartido, pero con la siempre convincente presencia de su actor-fetiche Denzel Washington.

El film -construido con el habitual virtuosismo para el encuadre o la edición, y con esa estilización visual que es la marca de fábrica de TS- propone otra épica de hombres comunes de la clase trabajadora estadounidense devenidos en héroes al toparse con circunstancias extraordinarias.

Estos losers golpeados por la vida (tanto el personaje de Denzel Washington como el de Chris Pine están inmersos en sendas crisis familiares) deberán enfrentarse a la burocracia del sistema y de los poderosos (sus arrogantes patrones) y, a partir de su rebeldía, de su valentía y de su capacidad para la improvisación y para apartarse de la ortodoxia, lograr su reivindicación, su redención.

Imparable es un relato clásico, con un guión “de manual” y hasta si se quiere “menor” en términos de previsibilidad, pero indudablemente efectivo. Más allá de ciertos lugares comunes y de los insoportables “chivos” a la cadena de noticias Fox (“hermana” de la productora del film), tiene todos los atributos para convertirse en uno de esos entretenimientos tan dignos como finalmente reivindicables.