Graba

Crítica de Ezequiel Obregon - EscribiendoCine

Lejos de sí misma

La nueva película de Sergio Mazza (realizador de El amarillo, 2006; Gallero, 2008; y la aún inédita Natal, 2010) tiene como personaje principal a María (Belen Blanco), una inmigrante argentina que vive en Francia y está a punto de ser deportada. Con un tono lúgubre, el realizador sigue sus penosos pasos y consigue transmitirnos toda su desazón.

María está en un momento límite de su vida. En Francia, el único consuelo que tiene es comunicarse telefónicamente con su madre, a la que debe mentirle para no generarle preocupación. Las cosas no marchan bien, y no hay confidentes cercanos. Ha decidido alquilarle una habitación a Jérome (Antoine Raux), un pintor recientemente separado que tampoco está en su mejor momento. Con esos apuntes dramáticos, Mazza explora a estas dos criaturas y lo hace a partir de un “realismo intimista” que nos recordará en varios momentos al cine de los hermanos Dardenne.

Si bien el film adquiere, minuto a minuto, cierto despojamiento que enfatiza el carácter subjetivista, lo social no queda en ningún momento marginado. Ocupa un espacio relevante a través de la problemática inmigratoria en uno de los países que más restricciones presenta al respecto. El relato le dedica a este asunto dos secuencias particularmente penosas, en donde María (interpretada con sensibilidad por Blanco) debe demostrar en una oficina estatal su condición legal dentro del territorio francés. El realizador concentra estos momentos en planos estáticos, modalidad que pronuncia la tensión dentro del mismo cuadro. Se genera, de esta manera, la sensación de que estamos a un paso de distancia de la desdichada joven.

María descubre que Jérome fotografía modelos desnudas, y se ofrece a cambio de mantener su estadía. A partir de allí, se irá produciendo entre ambos una dialéctica que transita la incomodidad, el descubrimiento y –finalmente- una serie de encuentros sexuales en donde se reitera un esquema de dominación masculina. La puesta en escena le imprime a esos momentos una cualidad que elude lo sentimental y enfatiza la fisicidad de los encuentros, como si de alguna manera fueran irrupciones dentro de un clima de latente agobio. Sin llegar a ser abordada a partir de una estética feísta, hay una voluntad estética para que todos los ambientes luzcan aletargados, desprovistos de color. Tampoco hay banda sonora, elecciones estéticas que señalan el drama interno de la joven.

Si le va tan mal, ¿qué es lo que finalmente retiene a María en Francia? ¿Por qué Jérome no intenta indagar en su vida, y llegar a mitigar sus penas? Incomodidad podría ser la palabra que mejor defina al encuentro con el otro. Si al comienzo se lo pide como un favor, más tarde no tardará en pedirle que se vaya cada vez que llegue de visita su hijo. No hay gestos de ternura entre ambos, tan solo hay momentos de efímera comunión. Lo que dice María es ínfimo en comparación a lo que calla. Poco sabremos del pasado y el futuro: la postal que configura Graba (2011) es gris y se oscurece cada vez más.