Flash

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

Atención: esta reseña contiene algunos spoilers.

Cuando una primera versión de Flash se exhibió a fines de abril último en CinemaCon (el encuentro más importante que reúne a los dueños de salas) surgió a modo de consenso que se trataba de una película poco menos que revolucionaria, destinada a cambiar para siempre el curso del universo extendido de DC en particular y el cine de superhéroes en general. Bueno, no. Fue simplemente el ejemplo perfecto de una maquinaria promocional muy bien montada para generar expectativa (buzz, hype y todos esos términos tan propios del marketing). La verdad es que es un film más, del montón, profesional en el mejor y el peor sentido del término, que tiene algunas buenas secuencias, un montón de lugares comunes de estos tiempos de multiverso, jueguitos para la alteración de los tiempos (efecto mariposa), mucho chiste subrayado para la celebración adolescente y unos cuantos cameos de actores famosos en personajes ídem que funcionan más a nivel nostálgico que cinematográfico.

Barry Allen (Ezra Miller) llega tarde (como casi siempre) a su trabajo como criminalista forense en Central City y a los pocos minutos recibe una llamada de urgencia de Alfred (sí, el mayordomo de Bruce Wayne interpretado por Jeremy Irons) para que ayude a Batman (Ben Affleck) porque alguien ha robado un peligroso virus del hospital de Ciudad Gótica, cuyo edificio además se está derrumbando con decenas de bebés cayendo al vacío desde la maternidad del lugar. Es un arranque a puro vértigo e intensidad, con Flash evitando un colapso y con la presencia desde el inicio de un personaje clave de DC como Batman.

Pero el guion de Christina Hodson (Bumblebee, Aves de presa y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn) pronto incursionará en los mismos recursos de siempre del subgénero viajes en (y modificaciones de) el tiempo. Barry sigue sufriendo el trauma por el asesinato de su adorada madre Nora (la española Maribel Verdú). Su padre Henry (Ron Livingston) ha salido a comprar una lata de tomates a un supermercado y cuando regresa su esposa yace muerta. La policía lo acusa del crimen y es enviado a prisión. Barry no puede soportar el dolor y la injusticia y viaja al pasado para cambiar el curso de los hechos generando, claro, un caos inmanejable. Como, por ejemplo, que Eric Stoltz es el protagonista de Volver al futuro; Michael J. Fox, el de Footloose; y Kevin Bacon, el de Top Gun. Sí, todo muy sutil...

Barry comenzará a interactuar en dupla con su yo de 18 años, sorprenderá la vuelta de un veterano Bruce Wayne a cargo del gran Michael Keaton, reaparecerá un villano de fuste (el General Zod, némesis de Superman, a cargo de Michael Shannon) y surgirá una heroína como Kara Zor-El, a.k.a. Supergirl (convincente debut en pantalla grande de Sasha Calle), pero más allá de la adrenalina y los múltiples guiños para los fans (hay otros regresos famosos que no adelantaremos), Flash deja una sensación de permanente acumulación, dispersión y deriva, como si en sus casi dos horas y media convivieran no siempre con armonía tensiones entre distintas sub-películas. No siempre se pueden llenar todos los casilleros.

En medio de esas fuertes contradicciones internas, el argentino Muschietti demuestra que al menos puede dirigir con coherencia distintas set-pieces y conseguir que el humor físico de Ezra Miller funcione con bastante eficacia. No, no ha hecho una película parteaguas, pero luego de Mamá y la saga de It (Eso) se consolida como un realizador que puede salir airoso de los desafíos que imponen las grandes ligas de Hollywood.