Familia al instante

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

FAMILIA ES LA QUE ELEGIMOS

La carrera del guionista y director Sean Anders no es homogénea, pero principalmente desde Ése es mi hijo (uno de los últimos grandes films de la carrera de Adam Sandler) el foco parece estar en la familia, pero no como una institución a la que respetar en sus principios más tradicionales, sino como un eje de referencia y pertenencia para las personas, que puede mutar de maneras impensadas de acuerdo a las circunstancias: ¿Quién *&$%! son los Miller? –donde participa en el guión- y las dos entregas de Guerra de papás son películas sobre familias definitivamente disfuncionales y hasta puramente accidentales, donde los niveles de responsabilidad surgen más desde lo afectivo como perspectiva ética que desde lo moral, y donde las diferencias pasan a ser la norma.

Desde ese aspecto, se podría pensar a Familia al instante como la película definitiva de Anders, o al menos de esta etapa de su filmografía. Y no solo porque el relato –centrado en una pareja (Mark Wahlberg y Rose Byrne) que decide adoptar a tres menores (incluida una adolescente interpretada por Isabela Moner) que están en el sistema de orfanato- está inspirado en las propias experiencias del realizador, sino también porque es donde el discurso sobre la institución familiar es más explícito y hasta tajante, para bien y para mal. Pero además, hay un componente extra: durante unos cuantos pasajes, Familia al instante apuesta más al drama que la comedia, dejando en claro que el camino de aprendizaje que emprenden los protagonistas no es precisamente lineal.

Eso no significa que Anders no busque construir momentos plagados de un humor sumamente ácido y hasta delirante, donde la autoconsciencia y meta-discursividad juegan roles decisivos: el personaje de la madre soltera que quiere hacer la gran Sandra Bullock en Un sueño posible; la charla donde Wahlberg y Byrne especulan con deshacerse de sus hijos recién adoptados; o los dardos hacia las actitudes y poses paternales y paternalistas denotan que la mirada desplegada por el realizador no es lineal o complaciente, y que sabe utilizar al humor como una herramienta para configurar una mirada sobre el mundo que se aparta un poco de la norma. Claro que el componente dramático pesa bastante, y eso lleva a que quizás se remarquen en exceso –principalmente desde la explicación- los conflictos que se van dando entre padres e hijos, principalmente con el personaje de Moner, que no deja de tener como referente a su madre biológica y choca constantemente con su nuevo entorno familiar.

Pero ese entrecruzamiento entre drama y comedia hace también a Familia al instante más riesgosa e interesante, porque ese es su trampolín para indagar en cuestiones un tanto incómodas: en el film se habla de padres y madres ausentes, drogadicción, abusos, violencia y traumas infantiles no resueltos, con un tono didáctico pero no por eso distanciado y facilista. Todo eso sin dejar de apelar a la incomodidad como un elemento hilarante (en ese terreno, Wahlberg y Byrne se muestran como especialistas) y sin perder de vista el foco narrativo y temático: estamos ante una película sobre gente que debe aprender a decidir con quiénes quiere compartir su existencia, y hay un diálogo cerca del final entre los personajes de Wahlberg, Byrne y Moner que es ejemplar en ese sentido. Con sus desniveles, a los que reconvierte en virtud, Familia al instante nos muestra que lo que consideramos como “familia” es una suma de elecciones trascendentales y cotidianas, donde la interacción con los seres que queremos es lo que nos marca como sujetos.