Exilio en África

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

CONSTRUCCIÓN DE UNA NACIÓN

Este documental de Ernesto Aguilar y Marcela Suppicich se inscribe en la importante corriente de documentales argentinos de los últimos años que miran los 70’s y los movimientos políticos de aquellos tiempos, pero tiene una evidente intención de ser menos un panfleto que la correcta documentación y la puesta en primer plano de una historia sorprendente y no tan difundida. Lo que cuenta Exilio en Africa es la participación activa de un grupo de ciudadanos argentinos que, en los años 70, partieron a Mozambique para formar parte, como médicos y docentes, de la construcción de un estado socialista. Terminada la ocupación portuguesa, este país del sudeste africano comenzaba a pensar una sociedad igualitaria y alejada de los conflictos raciales a la sombra del líder del FRELIMO, Samora Machel. El fracaso de aquella utopía es tal vez el costado melancólico que el documental expone en sus 70 minutos.

Aguilar y Suppicich se valen de la lectura de cartas (que, suponemos, fueron escritas en aquellos años) y testimonios a cámara de aquellos exiliados, también de impactantes imágenes de archivo y de algunas tomas del presente en Mozambique. Exilio en Africa no tiene mayores hallazgos visuales o narrativos, pero goza de una honestidad en la exposición que se aleja de la pose maniquea de mucho documental contemporáneo. La simpleza es la clave con la que se siguen los diversos testimonios, que cuentan cronológicamente cómo se fue construyendo el sueño de un Mozambique libre y la manera progresiva en que el sueño terminó. La cuestionable influencia de Sudáfrica en la región, la falta de apoyo económico de Rusia (una vez caído el comunismo) hacia el proyecto socialista, y una discriminación racial que se extiende como fenómeno cultural, fueron fundamentales para que estos exiliados decidieran, en determinado momento, volver a Argentina.

Lo particularmente atractivo de Exilio en Africa está vinculado con los diferentes puntos de vista de los protagonistas, lejos de la retórica del convencido. Está el que prefiere no volver a Mozambique porque no quiere ver a sus viejos compañeros andando en 4×4, la que se descubrió también colonizadora a pesar de sus buenas intenciones o quien sospecha que, en definitiva, se trató de un proceso sostenido más en lo utópico que en lo concreto. Todo esto no sugiere el arrepentimiento, sino más bien la objetividad y la melancólica aceptación de lo real a la distancia. Hoy estos protagonistas superan los 60, pero tienen una rica historia para contar: una que, por un momento, pensó en un mundo mejor en el que nada distinga ni separe a los seres humanos. Una historia que viene bien revelar y conocer.