Entre sus manos

Crítica de Pablo Lespiaucq - La mirada indiscreta

Manuelita

Entre sus manos -título en nuestro país- se llama una película que cuenta la historia de un adicto a la pornografía que se pasa el 80% de la cinta masturbándose. A pesar del chiste, demasiado obvio, el nombre es más ajustado que el original Don Jon (sic) porque de Don Juan Tenorio, este muchacho no tiene nada. Durante la primera parte, Jon (Joseph Gordon- Levitt) declama un manifiesto onanista como si se tratara de una clase de filosofía. Las pornos que consume son cortas, rápidas y efectivas, podría decirse que están diseñadas para el comportamiento compulsivo. Lejos de ser un perdedor que se queda en casa jugando consigo mismo, cada tanto sale a los boliches con sus amigos y se levanta una chica. Y lo hace con mucha facilidad, tiene todo lo necesario para hacerlo: belleza, músculos y hasta un poco de inteligencia. Sin embargo, nos aclara que el sexo real no es tan maravilloso como sus películas triple X.

En una de esas noches conoce a Bárbara (Scarlett Johansson), quien parece ser la chica de sus sueños. Le cuesta un poco más ganar su confianza pero finalmente la invita a salir y al poco tiempo comienzan una relación veloz y vertiginosa. Jon se entrega a las demandas caprichosas de Bárbara y hasta la invita a conocer a sus padres. La familia de Jon es el núcleo central de la película y el objeto de mi enojo. Tony Danza interpreta al padre (siempre a lo Tony Danza) y todos son reducidos a un estereotipo “ítalo-americano”: cenan en musculosa, a los gritos, no se escuchan, miran la televisión a todo volumen y son católicos, muy practicantes, y hasta van a misa todos los domingos. En definitiva, un acto discriminatorio muy lamentable que salpica a toda la historia. Joseph Gordon-Levitt compone un personaje inverosímil y de caricatura, un verdadero “Mario”, nombre derogatorio que otorgan los estadounidenses a los italianos (tal como a los hispanos les dicen “Pedro”). Y también la caracterización de Scarlett Johansson es deliberadamente grasa y no como un testimonio verdadero sino como un chiste.

En la segunda mitad de la película, Jon conoce a Esther (Julianne Moore), una mujer madura y mayor que él (casi la edad de su madre) que ha perdido a su familia en un accidente y, gracias a ella, podrá abandonar la adicción a la pornografía y otras conductas de adolescente tardío. Una de esas cosas que debe abandonar, es la relación con Bárbara que no lleva a buen puerto y cuando lo hace, sus padres se angustian y le dicen que no sabe hacer nada bien. Será su hermana (en su única línea durante todo el film) quien dirá una gran verdad en esa mesa familiar y que pondrá las cosas en su lugar. El personaje de Esther podría haber redimido los errores clasistas de Gordon-Levitt pero, justamente, decidió presentarla como una típica americana blanca y protestante que llega para traernos la razón.

En definitiva, Entre sus manos decepciona como comedia, como drama, como comedia romántica y hasta en sus pretensiosos mensajes moralistas que no llegan a cuajar en el espectador.