El profes10n4l

Crítica de Guillermo Colantonio - Fancinema

EL HERMOSO KARMA DE FILMAR EN ITUZAINGÓ

Mientras suceden los créditos finales de la última película estrenada del joven y prolífico Martín Farina, se escucha El karma de vivir al sur, enorme canción de Charly García: “Me vas a hacer feliz /Vas a matarme con tu forma de ser/Me vas a hacer reír/Vas a matarme con tu forma de ser”. Pocas veces un tema puede condensar tan bien el sentido de una película. Ituzaingó es la patria de Perrone y su hermoso karma, hacer cine desde allí. Lo tiene en claro Farina desde las primeras imágenes. En ese cielo, en esas calles, en esa casa y en esos objetos está el mundo del Perro, y también su modestia. No podía comenzar de otro modo. Un espacio, una poética. Allí nace todo. Una vez establecido el territorio, el resto es rodaje, esa experiencia anhelada con la voracidad propia de un director que no pierde el tiempo y que se guía por una pulsión contagiosa. Uno de los temas que atraviesan el documental es el tema del tiempo. El tiempo que se pierde inevitablemente, el tiempo que vale oro, el tiempo que lleva a hacer una película para acercarse lo más posible a lo que uno pensó, sin desconsiderar la magia que pueda surgir durante la filmación. Pero quien crea ver esto como una tortura, deberá buscar por otro lado. El Profes10n4l es una comedia, un genial acontecer, un día “perronista” que alterna “ganas de matar” y “felicidad”, como la canción de Charly. Antes que impartir conocimiento, transmite una experiencia. El Perro parece Fellini con su sombrero y sus berrinches, y hasta tiene a su propia Maria Antonietta Beluzzi, la eterna tetona de Amarcord.

Farina se acerca como suele hacerlo en sus películas, con planos cerrados, y crea una zona de confluencia muy interesante con su condición de director y el director al que registra, como si hubiera una intersección donde dos identidades (maestro y discípulo) se confundieran en un mismo rostro, ya sea para jugar con la ilusión como para discutir cuestiones técnicas. Cercanía y distancia. Cuando Farina se aleja, es capaz de regalarnos momentos únicos, por ejemplo, el registro de una situación vista a través de su cámara y de la que utiliza el equipo del Perro al mismo tiempo. La duplicación posee un efecto interesante: la percepción simultánea multiplica la ilusión y destaca los contrastes allí, donde “las cosas ya no son como las ves” (otra vez Charly, otra gran canción) cuando la lente agita e inaugura otro orden más asociado a un efecto alucinatorio. Cuando Farina se acerca, hay momentos desopilantes, empezando por aquellas situaciones donde parece parodiarse su condición misma de espía. “Vos no ayudás en nada”, le dice Perrone, “estás ahí rompiendo las pelotas” o “No me hinches las pelotas con lo analógico y la garompa en nylon”. La felicidad es eso mientras se rueda. El cariño entre ambos también.

Como ocurre con sus películas anteriores, la edición es fundamental. En este caso, una de las claves del humor radica en la repetición. El gag de una toma que hay que reiterar una y otra vez y los personajes que aparecen implicados son de los platos fuertes, sobre todo cuando algún comentario como “Dostoievski se rascó los huevos” completa la escena al mismo tiempo que se escuchan risas por ahí. Parte del respeto y la insurrección que trasuntan en El Profes10n4l se deben a esa tensión entre la admiración y el distanciamiento necesario. A fin de cuentas se está mostrando el trabajo de un enorme cineasta pero desde una pequeñez inmediata, desacralizando si se quiere la situación de rodaje porque, a fin de cuentas, lo que verdaderamente importa es el resultado. ¿Qué puede surgir de todo ese caos? El orden, la belleza, la película misma (Cumparsita) que Farina se encarga de mostrar con algunos adelantos.