Drácula

Crítica de Martín Chiavarino - A Sala Llena

Las monedas valacas.

Las historias de vampiros han generado extraordinarios relatos, pero pocos de ellos se atrevieron a adentrarse en sus orígenes, la caótica época feudal del siglo XV. Casi todas las historias de vampiros actuales se basan en la novela Drácula, del escritor irlandés Bram Stoker. El libro, publicado en 1897, relata la historia de Vlad Dracul II, príncipe de Valaquia, un gobernante del actual territorio de Rumania, miembro de la Orden del Dragón, que luchó contra las fuerzas del Imperio Otomano para impedir su expansión en Europa. En el libro Vlad se transforma en el Conde Drácula, un vampiro cuya sed de sangre humana no tiene límites.

La historia de Vlad, “el Empalador” es extraordinaria porque está situada en un margen, en la frontera entre el mundo ortodoxo, el mundo cristiano y el musulmán otomano. En esa frontera plagada de intrigas y matanzas indiscriminadas, Bram Stoker consiguió inspiración para construir su relato de terror más famoso e inmortalizar al vampiro Drácula.

La opera prima de Gary Shore coloca la crueldad del monarca en el pasado remoto basado en su cautiverio y construye una historia en la cual el príncipe fue entregado por su padre como tributo al emperador otomano para ser formado en la ferocidad militar turca, basando esa parte de la película en hechos reales. Ya casado y con un hijo, y tras lograr mantener por diez años la paz con el Imperio Otomano, se le solicita que entregue a su hijo y otros mil niños para ser entrenados como soldados con el fin de asediar las ciudades europeas en un futuro cercano. Cuando Vlad se niega, el príncipe negociador le deja lugar al salvaje príncipe empalador que desea generar terror en sus enemigos y busca a un vampiro que vive en una cueva en una montaña de Transilvania para realizar un pacto y obtener los poderes que le permitirán salvar a su pueblo y a su familia.

La adaptación de los debutantes Matt Sazama y Burk Sharpless introduce muchas buenas ideas respecto de la historia, especialmente en el comienzo, sobre el surgimiento de los vampiros en la época romana (por dar un ejemplo). La acción aporta la aceleración necesaria para impedir el estancamiento en las escenas dramáticas en las que solo Sarah Gadon se desempeña con soltura, mientras tanto en las secuencias de terror se destaca la frialdad de Charles Dance y su interpretación vampírica.

Esta nueva versión, como tantas otras películas basadas en novelas o leyendas, es un intento -desgraciadamente- de construir una nueva franquicia de films basados en el personaje del Conde Drácula, y pone más énfasis en la creación de un mundo acorde a los parámetros actuales de comportamiento que en la investigación y la creación de un universo único como el que construyó Bram Stoker en su novela de terror. De todos modos, para que el vampiro pueda entrar debemos invitarlo…