Choele

Crítica de Guillermo Colantonio - Fancinema

Cuando el cálculo le gana a la espontaneidad

Para Juan Sasiaín, Choele representa un paso atrás respecto de La Tigra, Chaco, película codirigida con Federico Godfrid. El relato ofrece un engranaje reparador a partir del seguimiento de tres personajes: un padre separado (Leonardo Sbaraglia), un simpático niño en plena edad de autodescubrimiento sexual y la bella inquilina y novia (Guadalupte Docampo), que viene a interferir entre ellos, en un entramado marcado por secretos paulatinamente revelados y crecimientos no exentos de unos cuantos tropezones.

La cámara capta momentos claves y transmite una vitalidad luminosa cuando mira a sus criaturas con un cariño que no puede disimular nunca. Ahora bien, si las imágenes trasuntan humanidad, la innecesaria música omnipresente entorpece bastante ese acercamiento y se transforma en un mecanismo un tanto manipulador y redundante. El film es correcto pero parece muy calculado, como llevado de la mano por las necesidades de obedecer más a pautas industriales o manuales de escuela de cine que a riesgos personales.

Todo aquello que funcionaba bien en La Tigra, Chaco, por su espontaneidad, en Choele se diluye. La gracia y el humor pretenden ser naturales pero las pequeñas situaciones y líneas de diálogo que los promueven no logran ocultar su origen: puro cálculo y seguimiento de un plan esquemático que no da lugar a sorpresas.

Choele no está mal, es un buen antídoto frente a tanta historia argentina de “Palermo Hollywood”, pero resta cuando se la piensa en función de la carrera de Sasiaín, que igual recién ha concretado su primer largometraje en solitario. Eso sí, la modulación de los personajes es casi ilegible y apenas se escucha, un signo llamativo dentro de un esquema cauteloso.