Camila saldrá esta noche

Crítica de Ezequiel Obregon - Leedor.com

Camila saldrá esta noche: sólido drama centrado en las vivencias de una adolescente

Gran elenco integra la nueva película de Inés Barrionuevo
Inés Barrionuevo, realizadora de Atlántida, Julia y el zorro y Las motitos (en co-dirección con Gabriela Vidal) ofrece en su último filme un retrato íntimo pero de profunda raigambre social. Gran trabajo de su protagonista, Nina Dziembrowski.

Camila vive en La Plata, la “ciudad de las diagonales”. Su abuela, con la que no parece tener una buena relación, está gravemente enferma. La madre de Camila decide, entonces, ocupar su departamento junto a ella y su hermana menor. Por más que los kilómetros no sean tantos, esa mudanza a la Ciudad de Buenos Aires le genera a Camila un cimbronazo. Nuevo ámbito, distancia con sus amigos y un colegio distinto. Una escuela privada, católica, con un perfil de clase media / media alta. Ya desde su ingreso, el director le pide –con impostada cordialidad- que guarde su pañuelo verde; primera señal de alarma.

Camila saldrá esta noche ingresa de lleno al universo de los adolescentes urbanos, de un modo diametralmente opuesto al que suele hacerlo la televisión. Hay una aproximación que no es pudorosa ni subrayada, aderezada con una banda sonora pertinente y una fotografía que recorta lo micro de lo macro. Porque, ¿qué es la secundaria, sino una comunidad en donde se ensayan los modos de vivir “allí afuera”? Espacio que espeja las tendencias y tensiones de la sociedad, en esa escuela –en especial- se deja entrever el machirulaje, las opresiones y las injusticias contra las que Camila impone su militancia feminista. En ese marco, ella tendrá su grupo, claro: otra chica que la recibe bien de inmediato, un compañero gay, otro con el que entabla un vínculo amoroso, y otra compañera (ex del anterior) con la que también habrá una relación sexoafectiva.

Barrionuevo dosifica de forma sutil las secuencias más dialógicas con aquellas concentradas en las corporalidades. A medida que el derrotero de la protagonista avanza, marcado por el calendario escolar y la inminente muerte de la abuela (a la que no vemos, pero que tiñe inexorablemente el clima familiar), la película se hace más sensorial, más palpable. Tal vez, ese sea su norte: el cuerpo y sus múltiples devenires y deseos.

Cuando el relato hace foco de forma más directa en la agenda de género, hacia el desenlace, nada parece precipitado: el estallido final –consecuente con la consigna “lo personal es político”- es el que vimos gestarse, aún en la dubitaciones propias de un personaje rico en matices, en medio de una época de la vida en donde todo se siente mejor. Y lo que duele, con frecuencia, duele más.