Atlántida

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

El arte de filmar lo inasible

La sensualidad, el erotismo, el deseo, las inseguridades, las contradicciones y la adolescencia en general (con su inocencia, su desamparo, sus angustias y hasta su crueldad) son algunos de los aspectos más difíciles de transmitir en imágenes sin caer en la obviedad, en el grotesco, en el subrayado con trazo grueso y torpe. Y eso es lo que consigue -con su sutil y fascinante ópera prima Atlántida- Inés María Barrionuevo, la más reciente revelación (y van…) del -ya no tan nuevo- Nuevo Cine Cordobés.

Más allá de sus inevitables (y bienvenidos) lazos con el cine de Lucrecia Martel, Celina Murga y Milagros Mumenthäler, Barrionuevo encuentra una inusitada seguridad, madurez, sensibilidad y vuelo propio en este film sobre dos hermanas muy distintas entre sí, Lucía (de 15 años) y Elena (de 17), que están solas durante un caluroso día del verano de 1987 en un pueblo cordobés azotado por la sequía (y con una sensación de pesadez, de que se avecina una tormenta “bíblica”).

Película de climas, de sensaciones, de estados de ánimo con la inminencia del despertar sexual como eje principal, Atlántida logra transmitir -con una cámara flotante que sigue siempre de cerca pero sin invadir ni manipular a los personajes- esa precariedad, esa latencia, esa intimidad tan propias de ese tiempo, de ese lugar y de esa edad.

Un film sobre búsquedas (de autoestima, de identidad, de amor) y elecciones (muchas veces equivocadas) que se convierte en uno de los principales hallazgos del cine argentino de este año.