Asia

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

NO NECESITO TU LÁSTIMA

Así como el cuerpo de Vika (la joven estrella israelí Shira Haas) lucha contra una enfermedad degenerativa que le contrae los músculos y le va limitando los pulmones progresivamente, la película de Ruthy Pribar hace chocar un drama social de mujeres con los clichés de las películas sobre enfermedades terminales. El acierto de la directora es nunca dejar tentarse por el lado más lacrimógeno del asunto y centrarse en la experiencia de sus protagonistas, pero también en aquello que una película con semejante premisa puede hacer para escapar de la encerrona del golpe bajo. Asia, la madre pero también la película, tienen pequeñas huidas, salidas laterales que siempre las devuelven al centro en una lucha constante por nunca dejarse vencer. El esfuerzo es encomiable pero también sutil, gracias a un guion que siempre encuentra la forma de decir las cosas sin tener que subrayarlas o gritarlas a los cuatro vientos. Lo laboral, la vida de los inmigrantes, la ancianidad, la diaria de la clase trabajadora, las mujeres solitarias que crían a sus hijos sin presencia masculina (“vos sos lo único que me dio un hombre”, le dirá Asia a Vika) son dramas que se muestran sutilmente.

Que la película lleve el nombre de la madre y no de la hija enferma es un detalle interesante. Es también la demostración de que el punto de vista del film será ese, el de la persona que se enfrenta a la pérdida y no tanto de la que padece y sufre. Pribar lo deja en claro dedicándole desde el primer hasta el último plano a esa mujer y madre laburante, y algo desconcertada por lo que le toca vivir. Y ahí tenemos a Alena Yiv, actriz enorme que construye un personaje atravesado por múltiples pesares pero que tiene la capacidad de afrontar lo suyo con enorme hidalguía. Si la película es por momentos un vehículo al servicio de la joven Haas y su figura explotada internacionalmente a partir de la serie Poco ortodoxa (por las características del personaje, es la actuación evidente de la película), lo de Yiv es impresionante, sin un gesto de más, transmitiendo una paleta de emociones que no elude el humor y la complicidad materno/filial con un grado de ternura enorme.

Asia es siempre un relato de dos, que en un comienzo están distantes y lentamente se van acercando y fortaleciendo un vínculo un poco a los golpes. En las primeras escenas seguimos a la madre en su trabajo en el hospital y asistiendo a fiestas, mientras la hija escapa con sus amigos y zigzaguea entre los múltiples estímulos de la adolescencia. Y si bien cuando la enfermedad se hace presente representa un cisma para el relato, Pribar tiene en claro lo que quiere contar: la historia de una madre solitaria, atrapada en un trabajo en el hospital que no le permite respiros económicos y una situación afectiva pendiendo de un hilo mientras mantiene una relación extramarital (por parte de él) con un médico. Básicamente Asia es un drama social de gente a la que le pasan cosas extraordinarias. En todo caso la enfermedad es un detalle, que se escenifica perfectamente en esa escena en la que Vika se descompone pero la cámara mira por la ventana mientas divide el plano entre el interior del departamento y la calle con su vida habitual, indolente ante lo que sucede con los individuos.

Como ejemplifica Vika en una escena clave (clave para la película porque es un momento incómodo y porque representa una de esas tantas instancias en las que parece romper su ética y merodear lo innecesario) no hay que tenerle lástima. Porque Asia es un relato que exhibe el dolor no como una forma de extorsión emocional, sino para representar que la vida está llena de momentos horribles y bellos, y que incluso a veces conviven como en la última terrible escena. Asia no es una película de consecuencias, sino más bien de decisiones.