Elementos

Crítica de Martín Chiavarino - Metacultura

Agua y fuego

Como todos los años Pixar regresa con un film animado para toda la familia, sobre los valores filiales, la inmigración, las tradiciones, el amor y los sueños, que hoy recupera la estética de Soul (2020) e Intensa Mente (Inside Out, 2015) y el espíritu familiar de Los Increíbles (The Incredibles, 2004) a través de elementos antropomórficos que intentan encontrar su lugar en el mundo en una historia divertida y romántica inspirada en el encuentro de sociedades opuestas de Adivina Quién Viene a Cenar (Guess Who’s Coming to Dinner, 1967), el revolucionario film de Stanley Kramer protagonizado por Sidney Poitier, Stencer Tracy, Katharine Hepburn y Katharine Houghton, y en menor medida en Amélie (2001), el film de Jean-Pierre Jeunet.

Acongojados tras perder su hogar, Bernie (Ronnie del Carmen) y Cinder (Shila Ommi) emprenden un viaje para comenzar de nuevo en la Ciudad de los Elementos, una urbe ecológica habitada por seres compuestos de fuego, agua, aire y tierra, donde todos viven en armonía salvo los peligrosos seres de fuego, que causan pavor en el resto de los habitantes. Tras ser rechazados de todas las residencias en alquiler, los seres incandescentes encuentran una gran casa abandonada en un barrio periférico en el que fundan un almacén de productos para los seres ígneos. A medida que crece Ember (Leah Lewis), la hija de ambos, su padre la introduce cada día más en el negocio familiar, abrazando la idea de un día heredarle el emprendimiento a su retoño y retirarse, pero los caprichosos clientes exasperan el temperamento irascible de la chica, que explota de ira perdiendo el control a menudo cuando su padre la deja al cuidado del mostrador.

Ya cansado y entrado en años, el padre analiza seriamente la posibilidad de retirarse y dejarle el negocio a Ember, que ha logrado aplacar su temperamento, aunque la explosión de una tubería en el sótano y la aparición de un inspector municipal, Wade (Mamoudou Athie), que detecta numerosas infracciones en el local, ponen en peligro todo el sueño familiar. Intentando detener al torpe y pusilánime inspector en eso de cumplir su trabajo, Ember lo persigue hasta la municipalidad. Así comienza la relación imposible entre ambos elementos y una serie de enredos. Ember intenta negar sus sentimientos a la vez que busca ocultarle a su padre la relación con el joven líquido, mientras la madre descubre todo e intenta que su hija entre en razón para ahorrarle un disgusto al progenitor. A todo esto, Ember intenta convencer a la jefa de Wade, Gale (Wendi McLendon-Covey), de que anule las multas, pero todo depende de que puedan encontrar la razón del aumento de presión de las cañerías en el barrio ígneo y lo solucionen.

El principal foco del film, dirigido por Peter Sohn y escrito por John Hoberg, Kat Likkel y Brenda Hsueh, es la comedia romántica, con una historia en apariencia simple, la de contraponer dos elementos distintos, agua y fuego, que representan dos temperamentos opuestos, el apocado Wade y la impetuosa e impulsiva Ember, uno falto de talento, la otra llena de capacidades artísticas, el primero un niño mimado de clase alta que vive en el centro de la ciudad y la segunda una emprendedora de una familia periférica que lo perdió todo menos sus tradiciones. En este sentido, la película propone como eje cómo los elementos distintos pueden unirse y potenciarse a través del amor. La comedia romántica funciona con gags acertados, dos personajes con química, personajes secundarios interesantes y una historia de matices que oscila entre la simplicidad y la complejidad sin perder nunca el norte, apelando al disfrute del público infantil y alguna que otra complicidad con los adultos e incluso amagando con homenajear a Barrio Chino (Chnatown, 1974), el opus de Roman Polanski, para luego ir hacia otro lado completamente distinto, como si la insinuación de una película seria de contenido social y político fuera una afrenta a toda la industria de la que hay que retrotraerse antes de que los burócratas del marketing se den cuenta de la herejía y cancelen todo.

Como film de inmigración Elementos también funciona muy bien, trazando un buen recorrido de las penurias y del afán de superación de los inmigrantes europeos que poblaron América desde el norte hasta el sur del continente, ofreciendo lo mejor de sí, sus tradiciones y sus conocimientos para crear una cultura plural y heterogénea. A nivel visual el departamento artístico logra un excelente resultado, con una ciudad de una gran belleza, personajes vistosos y de rasgos marcados y personalidades bien resueltas, mientras que la música de Thomas Newman no logra hacer pie en la propuesta para darle el toque final y el tono que encienda la llama del film para elevarlo hacia otro nivel, lo que contrasta con la mayoría de las películas de Pixar, que en general tienen una música que siempre llama mucho la atención y conmueve, y hasta incluso a veces marca una época.

En comparación con otras propuestas de Pixar, Elementos no queda entre las más agraciadas aunque algunas cuestiones, como la falta de atractivo de Wade, le pueden traer una buena chance de conectar con un público cansado de personajes demasiado perfectos. Ember, por otra parte, y en general los seres de fuego, tienen personalidades más interesantes. Muchas situaciones son resueltas muy rápido, no dejando que la tensión llegue al organismo del espectador, pero tampoco existe ese apresuramiento típico del cine actual que comienza narrando una historia con un ritmo y termina acelerándose descontroladamente en el final para no extenderse.

Elementos es una obra aceptable que no logra desplegar todo su potencial en los ejes que trabaja, léase comedia romántica, tradiciones, inmigración y aventura, pero que sí construye una atmosfera fantástica que se conecta con las historias de superación y un espíritu de tolerancia en boga en los sectores progresistas, que se apoya muy bien en el pasado para mirar el presente y ofrecer un futuro mejor, aunque le faltan ajustar muchas tuercas para crear una obra que quede en el imaginario colectivo como Toy Story (1995), Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003) o WALL-E (2008).

Curiosamente, Elementos se exhibe junto al corto Carl’s Date (2023), dirigido por Bob Peterson y perteneciente a la serie Dug Days creada por Peterson y Pete Docter, responsables de algunos de los éxitos más resonantes de Pixar como Up (2009), de la que retoman precisamente a los personajes principales, Carl (Edward Asner) y Dug (Bob Peterson), para una historia pequeña y conmovedora con todo el carisma de Asner y la simpatía del perrito que habla a través de su dispositivo de traducción canino, una verdadera joya para no perderse como muchos de los cortos animados de Pixar que suelen pasar desapercibidos.