1917

Crítica de Emiliano Fernández - Metacultura

A través del baldío bélico

Si bien por la muy avanzada evolución de los artificios digitales de hoy en día ya no se puede afirmar que las películas estructuradas en torno a una única toma secuencia sean el prodigio técnico de otras épocas, sí es cierto que reclaman un nivel de planeamiento mucho más elevado que el promedio habitual ya que deben evitar esa herramienta cinematográfica por antonomasia, el corte entre los distintos planos. En este sentido 1917 (2019), otro exponente más de esta querida autolimitación formal que plantea un permanente tour de force para el equipo creativo, está más cerca de La Soga (Rope, 1948), La Casa Muda (2010), Birdman (2014) y El Hijo de Saúl (Saul Fia, 2015), todos ejemplos paradigmáticos de tomas secuencias simuladas, que de films como Timecode (2000), El Arca Rusa (Russkiy Kovcheg, 2002) o Victoria (2015), especialmente considerando que hablamos de un trabajo gigantesco del cine mainstream anglosajón volcado a eliminar con CGI los cortes de turno.

La obra es una propuesta bélica centrada en los grandes latiguillos de la Primera Guerra Mundial que combina la desilusión lírica para con la contienda en sí de Sin Novedad en el Frente (All Quiet on the Western Front, 1930), aquel fetiche inicial con las trincheras de La Patrulla Infernal (Paths of Glory, 1957) y el motivo de los mensajeros del último acto de Gallipoli (1981), ahora transformado en el eje de la historia mediante la misión de un par de soldados británicos, Blake (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay), de avisar a sus colegas de que los espera una emboscada símil masacre. Bajo órdenes del General Erinmore (Colin Firth), los dos muchachos deben entregar una misiva al Coronel Mackenzie (Benedict Cumberbatch) para que cancele un ataque planeado debido a que llegó información acerca de la retirada de los alemanes a la llamada Línea Hindenburg, un sistema defensivo de trincheras, y la próxima arremetida contra 1600 soldados ingleses.

El realizador y guionista Sam Mendes, aquel de las logradas Belleza Americana (American Beauty, 1999), Camino a la Perdición (Road to Perdition, 2002), Soldado Anónimo (Jarhead, 2005) y Sólo un Sueño (Revolutionary Road, 2008), y el director de fotografía Roger Deakins, colaborador de siempre de los hermanos Joel y Ethan Coen, se entretienen de lo lindo siguiendo los pasos de los protagonistas a través del baldío bélico del norte de Francia durante la primavera de ese 1917 del título, enfatizando el carácter personal del asunto porque entre los posibles faenados a corto plazo se encuentra el hermano de Blake, Joseph (Richard Madden). De las trincheras y la destrucción general de la doctrina de “tierra arrasada” pasamos a pequeñas escaramuzas con militares germanos, la muerte de uno de los muchachos, muchos escombros de edificaciones, algún que otro momento de quietud y la esperable angustia del tramo final en pos de detener la carnicería cuanto antes.

Entre los puntos a favor se puede decir que la película efectivamente incluye un excelente trabajo técnico, es simple e intensa en su esquema retórico y se embandera en una suerte de retro pacifismo bien desarrollado que no cae en ninguna impostación, aunque por otro lado resulta innegable que cuenta con algunos baches narrativos, a veces se vuelve algo redundante y la música de Thomas Newman es demasiado pomposa en varias secuencias. De todas formas 1917 se abre camino como un film muy digno y cuidado que le permite a Mendes dejar atrás los fiascos de Skyfall (2012) y Spectre (2015), sus dos entregas para la franquicia de 007/ James Bond (Daniel Craig), esas que sin lugar a dudas se ubicaron muy lejos de la maravillosa Casino Royale (2006), e incluso le permite al británico disfrazar de gran epopeya histórica a una diminuta anécdota que le contó su abuelo, Alfred Mendes, cuando Sam era apenas un niño, sobre la importancia de la comunicación en el conflicto…