Yo, Frankestein

Crítica de Lisandro Liberatto - Alta Peli

Yo, Frankestein es un film ridículo que se toma demasiado en serio para su propio bien.

La película comienza donde termina la famosa novela de Mary Shelley. Segundos después de que el monstruo enterrara a Victor Frankestein (su creador) un par de demonios aparecen en escena para tomarlo prisionero. A pesar de su fuerza sobre-humana, el monstruo solo logra salir vivo gracias a la ayuda de dos gárgolas, quienes lo lleva su guarida, le dan un nombre (¡Adam!), y lo ponen al día con lo que está ocurriendo: Los demonios son reales forman parte del ejército del Diablo. Dios también existe y las gárgolas son su ejército. De esta forma Adam queda atrapado en una batalla milenaria entre el bien y el mal que se termina extendiendo hasta nuestros días y donde los demonios buscan dar con el monstruo para poder llevar a cabo un plan que podría cambiar el curso de la guerra y, peor aún, acabar con la humanidad.

Enchúlame el monstruo

En lo personal, me gusta dejar pasar un par de días a la hora de escribir una crítica. Esto hace que, por lo menos en mi caso, las ideas se acomoden mejor en mi cabeza. Generalmente en puntaje no suele cambiar, pero con Yo, Frankestein ocurrió algo extraño: cada día que pasaba y recordaba algo específico de la película el puntaje bajaba más y más. Desde que salí de la sala tenía en claro que la película no me había gustado, pero rememorar en mi mente escenas y diálogos hizo que encuentre la verdadera razón detrás de esto. Yo, Frankestein es una película que parte de una premisa ridícula y a lo largo de su historia se las arregla para aplicarle una nueva e importante dosis de ridiculez que, desgraciada, es inintencionada.

Transportar a la creación de Victor Frankestein a nuestros días no es tarea fácil, y mucho menos es convertirlo en héroe de acción. El crédito de que nada saliera como lo esperado tranquilamente puede ser otorgado al director Stuart Beattie (quien también formó parte de la escritura del guión) y a los productores, que quisieron hacer con este film algo (demasiado) similar a la saga de Inframundo (de la cuales también son responsables).

Los problemas de Yo, Frankestein son muchos y todos por culpa guión, el cual ya dijimos que parte de una premisa bastante cuestionable y poco hace para desarrollarla de manera satisfactoria. Como si eso no fuera suficiente, los diálogos son verdaderamente horrendos y en muchos casos hasta risibles. El desarrollo de la historia es casi nulo, con Adam vagando por la ciudad, siendo capturado, liberándose, luchando y no mucho más que eso. En definitiva, la película se toma demasiado en serio a sí misma como para nosotros como espectadores podamos comenzar a disfrutarla. La trama pide a gritos dosis de humor para poder digerir con mayor facilidad las incoherencias y ridiculeces de la historia, pero eso nunca sucede…. Al menos no de manera voluntaria.

Quizás se hayan percatado del “error” que hay en el titulo. Si conocen la historia original de Mary Shelley, entonces sabrán que Frankestein es el apellido del científico y todos se refieren al monstruo como tal o como la criatura. Este “error” del título no es tan así, tiene una explicación… aunque luego de conocerla hubiéramos preferido que si se trate de un error. Si bien lo siguiente no arruina para nada la experiencia de la película, quienes quieran dejarse “sorprender” por esta explicación pueden NO leer lo siguiente: El monstruo de Frankestein, a quien las gárgolas renombran como Adam, tiene daddy-issues o problemas de padre ausente. Si bien esto pretende ser una parte crucial de la historia el desarrollo es casi nulo, pero durante los últimos segundos, antes de fundir a negro pero luego de Adam comprenda que si está vivo es gracias a su creador, por fin acepta su verdadera identidad y lanza el dialogo al que hace referencia el título: Yo, Frankestein.

Aaron Eckhart interpreta a la criatura más fachera y en mejor forma desde que tengo memoria, algo así como un súper-modelo dentro de la famosa galería de monstruos existentes en el mundo del cine. A pesar de tener 200 años de edad y estar construido con diferentes partes de diferentes cadáveres lleva un físico perfectamente marcado y con unas pocas cicatrices. Eckhart, en mi opinión, es un gran actor (basta con ver Gracias por Fumar) pero aquí pasa vergüenza. Es una verdadera lástima que su primer gran protagónico absoluto en una superproducción hollywoodense haya sido con este film. Al pobre de Eckhart lo acompaña Yvonne Strahovski (Hannah, de la finalizada serie Dexter) como la científica menos creíble de la historia del cine. Quizás quien mejor parado sale de todo este lio es el gran Bill Nighy (Realmente Amor, Cuestion de Tiempo), quien interpreta al villano del film y con sus pocas escenas le agrega algo de credibilidad a la historia.

Pero no todas son pálidas en Yo, Frankestein. Si bien en el plano artístico fracasa rotundamente, técnicamente es otra cosa. El diseño de producción a cargo de Michelle McGahey es un gran logro, ya que transformó las locaciones australianas en una hermosa metrópolis gótica. Las peleas están muy bien logradas y los efectos especiales, en su mayoría, son de primera línea. También vale la pena mencionar el buen uso que se le dio al formato 3D, ya que lograron una interesante profundidad de campo y las escenas en cámara lenta son, como diría un compañero de Alta Peli, un caramelo visual.

Conclusión

Aun esperando poco y nada de ella, Yo, Frankestein decepciona. La historia es verdaderamente ridícula y su ejecución aun peor. Ni siquiera talentos como Aaron Eckhart o Bill Nighy pueden salvarla. Aburrida e involuntariamente graciosa, lo mejor del film está en sus logros técnicos que lejos están de ser algo revolucionario para la industria.

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