Voley

Crítica de Susana Salerno - N3F

Una comedia de enredos en la que no faltan: drogas, alcohol, sexo y algunas otras cosas.

Este mes algunos actores parece que decidieron estrenar su película. La semana pasada fue el turno de “Pistas para volver a casa” de Jazmín Stuart quien a los 39 años estrenó casualmente su segundo largometraje al igual que Martín Piroyansky (29) a diferencia que este aquí actúa, también es una comedia con ciertos enredos, una historia diferente y en la cual claramente quiere emular a Woody Allen (aún le falta pero no está mal el intento).

Esta es una historia de enredos y también con pocos personajes. En este caso se desarrolla en una casa ubicada en el Delta del Tigre, un lugar últimamente elegido para filmar. Lo habían hecho para “El desafío” (2015) de Juan Manuel Rampoldi, mostrando su paisaje, viaje en lancha, disfrutar de algún chapuzón, el sol, la naturaleza, es otra de las formas de reducir el presupuesto y darle cierta publicidad a la zona.

El anfitrión es Nicolás (Martín Piroyansky) de unos veinticinco años, la casa pertenece a sus abuelos e invita para pasar unos días de fin de año a: Pilar (Inés Efrón) su pareja, Cata (Vera Spinetta), Nacho (Chino Darín) y su novia Manuela (Violeta Urtizberea) son amigos desde la adolescencia. Y se agrega al grupo Belén (Justina Bustos) una amiga de la infancia de Manuela, a quien está la invito por su cuenta. En un principio no es aceptada pero al verla Nicolás queda deslumbrado cuando observa su buen cuerpo.

Con el transcurso de la convivencia cada uno va mostrando su personalidad .Nicolás solo piensa tener relaciones sexuales con cuanta mujer se encuentre a su alcance, no cree en el matrimonio ni en el noviazgo y solo le interesa saciar su deseos; a Manuela le gusta organizar todo, es mandona y no da respiro a nadie; Pilar es una soñadora e intenta a todo darle un sentido; Cata es un ser enigmático que puede ser bisexual, un ser libre; Nacho sigue a su pareja y Belén es una bomba atractiva que puede llegar a desequilibrar al grupo.

Pero algo inesperado surge entre ellos, terminan fumando porro, consumiendo drogas, alcohol, hongos alucinógenos, sexo descontrolado, entran en crisis, aparecen los reproches, se desenmascaran, en fin se cantan las cuarentas, hay una explosión hormonal y todo tiende a desbarrancarse.

Es una película coral de enredos, con la acertada música de Nicolás Sorín, los desnudos están cuidados, los personajes ingresan a situaciones un tanto salvajes, con diálogos que nos identifican, muy pochoclera, no sostiene en ritmo y llega a aburrir un poco, las actuaciones son desparejas, con escenas que no tienen mucho sentido y chistes poco efectivos.