Voley

Crítica de Fernando López - La Nación

Movido fin de año entre amigos.

Son seis; cuatro chicas y dos muchachos. Todos rondan los veintipico y tienen toda la libertad para pasarla bien los días de fin de año en la casa del Delta de la que uno de ellos dispone. Agréguese que unos y otras hace rato que se han liberado de las inhibiciones y los prejuicios de los jóvenes de otros tiempos. Sexo, drogas, alcohol son, para ellos, a veces temas para la charla y sobre todo, casi siempre, puro motivo de diversión y no de conflicto, que para eso son, básicamente, amigos. Aunque a veces la convivencia en estos días de vacaciones y la sucesión de enredos (más o menos graciosos) haga que cuando menos lo esperen los sentimientos -incluso los no correspondidos- hagan su aparición e interrumpan las risas.

Piroyansky se reserva el personaje central. Es él, Nicolás, quien reúne a sus amigos de siempre en la casa que ha sido de sus abuelos. Mujeriego full time, está siempre a la pesca de nuevas partenaires, aunque haya llegado a la isla acompañado por su actual pareja, Pilar (Inés Efrón). Con ellos llegan también su mejor (y al parecer único) amigo, Nacho (Chino Darín), que sí trae una compañera un poco más formal, la obsesiva Manuela (Violeta Urtizberea), fanática del orden y la limpieza, que a su vez incorporó a una invitada, la muy sexy Belén, que por serlo activa el interés de los varones. Completa el grupo la intelectual Cata (Vera Spinetta), siempre con un libro en mano y partidaria del sexo sin compromiso.

Martín Piroyansky quería hacer un film de jóvenes para jóvenes, posiblemente inspirándose un poco en las comedias que el cine norteamericano cultiva con frecuencia en los últimos tiempos, incluidas su dosis de humor escatológico y sus pizcas de sexismo y misoginia. Lo hace con conocimiento del medio, buen oído para el lenguaje juvenil y considerable noción del ritmo de comedia, aunque no pueda evitar que haya altibajos entre las distintas situaciones que integran el relato: encuentros y desencuentros amorosos o puramente carnales, picardías, borracheras, rencillas, algún diálogo que ilustra superficialmente sobre los hábitos y los intereses de una generación para la que sexo, porro y todo lo que a ellos se refiera forman parte del vocabulario cotidiano con total naturalidad.

Si el libro acusa baches indisimulables, debe decirse que en lo que hace a su factura técnica el film confirma las virtudes que el joven director había mostrado en Abril en Nueva York, y que tiene en este caso la ventaja de contar con la frescura que aporta un elenco parejamente desenvuelto. Piroyansky se hace cargo del personaje central (y el más desarrollado, todo lo contrario de lo que sucede con el más desdibujado, que le toca al Chino Darín), si bien son las chicas (en especial Violeta Urtizberea, Vera Spinetta e Inés Efrón, en ese orden) las que tienen más oportunidades de lucimiento.