Viejos

Crítica de Santiago Mallea - Cinescondite

En plenas vacaciones tropicales, una familia visita una misteriosa playa donde el tiempo va más rápido, y unas horas significan años de vida.

«La vida es como una nueva película de M. Night Shyamalan, nunca sabes lo que te puede tocar». Un director con una carrera variada, con puntos muy altos (Unbreakable), medios (The village), pésimos (The Happening, The Last Airbender), y altos otra vez (The Visit, Split). Ya con su trilogía de superhéroes terminada vuelve inspirado en una novela gráfica para enfocarse en los impactos del tiempo con un giro fantástico. En vez de distanciarse del dudoso camino en el que quedó con Glass, Old lo mantiene por ese rumbo estándar que lo aleja de la prometedora redención que parecía asomarse hace unos años.

La película sigue a una pareja que junto a sus dos hijos van de vacaciones a una hermosa isla tropical. Cuando llegan a una playa separada del resto junto a otro grupo de gente, empiezan a darse cuenta que en ese lugar el tiempo va mucho más rápido, y que pasar un día ahí es igual a envejecer lo que es toda una vida.

Una premisa sumamente interesante que, a pesar de su aparente simpleza, la exprime al máximo. Si bien los misterios enganchan rápido al aparecer desde el principio, resta que los personajes tarden tanto en entender el tan obvio suceso temporal. Cuando finalmente es descubierto, la peli gana un poco de ritmo al presentar varios conflictos que individualmente tienen sentido con las características de los personajes, y que en conjunto suman a la idea de cuánto el tiempo afecta nuestras vidas. Incluso en este mundo fantástico que Shyamalan presenta, la mayoría de situaciones que surgen siguen una lógica que coincide con la realidad que conocemos. El gran (casi) suceso de Old es hacerte preguntar «¿qué me pasaría a mi si estuviera en esa situación?«, pero lamentablemente esa curiosidad queda arruinada cuando ocurren eventos mucho más apegados al lado fantasioso, que irrumpen con la verosimilitud que se mantenía.

Old, M. Night Shyamalan
Al tener tantos personajes, se presentan muchas situaciones que se adecuan a la vida y problemas de cada uno, y cada quien le aporta un interés diferente no solo al conflicto entre ellos, sino al filosófico que surge al espectador. Es una lástima que hayan diálogos tan chatos, forzados y cargados de exposición, con lo que los actores tienen poco por hacer. Gael García Bernal (Amores perros) intenta pero falla y a Vicky Krieps (Phanton Thread) no le crees ni una palabra. Los únicos que llegan a hacer algo decente son Alex Wolff (Hereditary) y Thomasin McKenzie (JoJo Rabbit), que sí van de la mano con excelentes elecciones en el casting para otras versiones de sus personajes.

En comparación al resto de sus otros trabajos, Old definitivamente apunta a otro lado. No es tanto el terror o el thriller, sino más la curiosidad y la intriga de saber qué va a pasar, sin el suspenso de estar al borde del asiento. La fantasía nos invita a ver qué es lo que el tiempo hace de nosotros, y no al revés. Resume cómo nos afecta; cómo no es lo mismo para nadie, e incluso ante su inevitabilidad, cómo se le puede hacer frente. Hay personas que por diferentes motivos (tanto en la película como en la vida) van a tenerla más fácil que otras, pero al final el tiempo nos mueve a todos para el mismo lado. Shyamalan aprovecha el paso acelerado para demostrar con mucha más explosión e impacto las emociones, y en sus puntos más fuertes le da lugar tanto a los sentimientos más desesperantes como a los más emotivos.

Definitivamente es una gran recomendación para cualquiera que siga el cine de M. Night Shyamalan, aunque quienes no probablemente la sientan como una pérdida de su (valioso) tiempo. Así y todo, no hay dudas de que si bien Old era una gran oportunidad para rectificar su camino, no lo fue. Con diálogos que dejan mucho que desear -más para un director con bastante trayectoria- y actuaciones en su mayoría poco creíbles; lo único que la rescata y la hace valer es la idea que guía toda la película. Con un poco de suerte, esa inquietud ante lo inevitable del tiempo va a pasar la pantalla y llegar a quien la esté mirando.