Venom: Carnage liberado

Crítica de Leandro Gioia - Sin Intervalos

VENOM, el histórico archienemigo de Spiderman vuelve a escena con una nueva película protagonizada por Tom Hardy, Michelle Williams y Woody Harrelson . Andy Serkis toma, nuevamente, las riendas de la dirección en esta humorística entrega del supervillano o antihéroe simbionte.

Eddie Brock (Tom Hardy) y su acompañante Venom intentan descubrir los secretos de la convivencia cuando un preso que está condenado a muerte (Woody Harrelson) se infecta con un simbionte propio.

La película se construye alrededor de lo mismo de la primera, cuotas exageradas de humor, una trama dispersa, personajes con poco desarrollo y un uso exagerado de CGI. El personaje de Venom toma la personalidad de un antihéroe gracias a su relación con Eddie y esto indica que la continuidad de este personaje dentro del universo de Sony será sin verlo como villano.

El elenco es extraordinario y sus actuaciones están muy bien. Lo que no me gustó es que estén desaprovechando semejante cast para hacerlos hacer papeles tan superficiales y poco divertidos. No es culpa de los actores y actrices, sino de quienes escriben sus papeles.

La producción está correcta pero no hay muchas locaciones, no existe una gran cantidad de actores y los efectos son exagerados en tiempo y forma. Es un film muy corto y directo, en este sentido es perfecto para quienes quieran disfrutar de una experiencia esporádica y veloz. No invita demasiado a la reflexión y se apoya en la espectacularidad de las luchas entre simbiontes.

A aquellas personas que quedaron fascinadas con la primera, es muy probable que disfruten mucho de esta secuela. Toda la acción es llevada al extremo. En lo particular sentí que hubo mucha contaminación de ruidos y sonidos que hicieron irritante el tercer acto.

Es una película interesante gracias al sentido diferente que se le da a Venom, pero esto también lleva a que sea muy criticada por la misma razón. Es una buena opción para pochoclear durante una hora y media. ¿Lo más impactante? En la escena post-créditos.

Por Leandro Gioia

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