Venom: Carnage liberado

Crítica de Jesús Rubio - La Voz del Interior

Se sabe desde el comienzo que el objetivo de Marvel siempre fue crear un gran universo de películas interconectadas, que sean partes de un todo, pero que, a su vez, puedan ser vistas sin necesidad de ver las demás.

La factoría lleva adelante un trabajo titánico que va por su cuarta fase, con claros intereses económicos, pero sin desentenderse de la historia del cine norteamericano. Una película de Marvel es un producto hecho para el consumo masivo y para ganar millones de dólares, pero también es un producto que conoce la historia que lo precede y la tradición a la que pertenece.

Venom: Carnage liberado es la segunda parte de Venom, película que se estrenó en 2018 y que presenta al villano devenido héroe del título, el simbionte extraterrestre que se mete en el cuerpo de Eddie Brock, el experiodista interpretado por Tom Hardy, creando un vínculo simbiótico con la capacidad de transformarse en uno u otro y dando lugar a una relación de amistad inseparable.

Si en la primera vimos el nacimiento del personaje principal, en Venom: Carnage liberado vemos el nacimiento de Cletus Kasady/Carnage (Woody Harrelson), el villano que enfrenta a Eddie Brock/Venom en una batalla cargada de CGI, con escenas de espectacularidad mainstream que mantienen el alto nivel tecnológico.

En Venom ya se veía cómo el simbionte empezaba a interactuar de modo gracioso con Eddie, y de las posibilidades narrativas que eso significaba. En Venom: Carnage liberado la relación de amistad entre ambos se explota al máximo, convirtiendo sus constantes discusiones en lo mejor de la película. Eddie y Venom se pelean como marido y mujer mal llevados, porque Venom: Carnage liberado es, ante todo, una película sobre la pareja.

Mientras ellos conviven en un pequeño departamento, el villano Cletus, condenado a muerte en una prisión de máxima seguridad, logra escapar una vez que se convierte en el enorme y brutal Carnage. Cletus/Carnage va en busca de su amada Frances Barrison/Shriek (Naomie Harris), quien se encuentra en un laboratorio secreto (es el otro villano del que vemos su nacimiento). Ella también tiene un superpoder: grita bien fuerte. Cletus va en busca de Frances porque quiere casarse con ella, otro indicador que demuestra que a la película le importan las parejas.

La ligereza y el humor que maneja el filme es lo que lo hace disfrutable. Los chistes y la relación entre Venom y Eddie son lo que lo acercan más a una comedia de amigos o buddy movie que a una de superhéroes solemne. Los viejos personajes continúan, como la exnovia de Eddie, Anne (Michelle Williams), y su prometido, el Dr. Dan (Reid Scott), lo que refuerza aún más la cuestión de las parejas.

También están la señora Chen (Peggy Lu), que atiende el minisupermercado al que Eddie va a comprar comida para Venom, quien sigue prefiriendo cabezas humanas, a las que devora de un mordiscón después de saborearlas con su larga lengua babeante, custodiada por un ejército de dientes afilados.

Venom: Carnage liberado es un cómic plasmado a la perfección en la pantalla, donde los efectos especiales ayudan a que las escenas de acción sean un deleite sensorial. Es un entretenimiento infalible que anuncia lo que vendrá en las próximas películas de Marvel (la escena poscrédito da una pista de la continuación de estos personajes). Sin embargo, la película no tiene nada que Marvel no haya hecho antes, nada que se salga de la fórmula probada cientos de veces.

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