Vacaciones

Crítica de Carlos Rey - A Sala Llena

Ya casi promediando la década del noventa, aparecieron algunos directores -digamos que con los hermanos Farrelly a la cabeza- que demolieron ese humor anquilosado y previsible que tenía el cine americano durante toda la década del ochenta. Esta nueva comedia americana traía consigo un humor explosivo, fuera del molde y poco predecible en contraposición a la previsibilidad absoluta que tenían las comedias ochentosas, donde los chistes se veían venir a diez kilómetros de distancia.

Chevy Chase es una especie de abanderado de ese humor adocenado. Se dedicó toda la década a martirizar al género y a construir un humor chabacano al borde de lo intolerable. Quizás la película Vacaciones, del año 1983, es la más visible de aquel insoportable tedio; digamos que gracias al guionista John Hughes, un virtuoso que no trastabilló ni siquiera bajo la influencia de Chase (aunque el susodicho ha hecho volcar a cineastas como Landis o Harold Ramis en comedias imposibles y absurdas).

En esta especie de reboot de Vacaciones, Ed Helms toma el papel de Rusty Griswold (que interpretó Anthony Michael Hall hace tres décadas), pero ya con su familia propia, disfuncional y con su matrimonio en crisis (la siempre cumplidora Christina Applegate, en el papel de la esposa, es de lo mejor de la película). Decide repetir el viaje que había realizado con sus padres hace 30 años a un parque temático, cruzando casi todo el país en auto. La película, antes de arrancar como road movie, mete un chiste autoconsciente sobre la repetición de la fórmula de su versión original: un pequeño aviso que nos preparó para una hora de chistes pétreos, gélidos, que pretenden anular los últimos veinte años de Nueva Comedia Americana para repetir los viejos gags ochentosos de peleas infantiles entre hermanos, el padre que le sale todo lo que planifica mal y la aparición tipo homenaje de Chevy Chase, quien por un momento más nos hizo acordar por qué fue uno de los responsables de la peor década de comedia en la historia del cine americano.

La película nunca juega con la repentización, con el humor que no se ve venir y con la imprevisibilidad; es un cine calculado, hermético. La comedia matemática carece de valor a esta altura. John Francis Daley y Jonathan M. Goldstein recurren al viejo manual y no pueden aprovechar a dos comediantes que muy bien interpretaron la Nueva Comedia como Helms y Applegate. Vacaciones es una oportunidad pérdida para construir un puente entre dos generaciones de comedia, una chance de reescribir, de demoler y volver a construir. La vieja fórmula ya no funciona.